Manual para rezar el Santo Rosario

Esta es la fórmula bíblica para rezar el Santo Rosario. Incluye las letanías cantadas a la virgen “hoy te digo cosas bonitas”. Es un manual sencillo y autodidacta que recoge mi experiencia de mas de 30 años rezando el rosario en familias y en comunidades cristianas de mis parroquias de Santa Lucía, Ilopango y San José Obrero en Soyapango, El Salvador. Cada misterio incluye su lectura bíblica. Incluye también las oraciones que generalmente se rezan en un Rosario latinoamericano ya sea misionero, comunitario,  familiar,  parroquial o de difuntos. También incluye los cantos a la Virgen, a Jesús y de la Purísima Concepción de María con que se puede acompañar el Rosario. Este manual se puede descargar en el siguiente enlace:

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Adicional, el folleto “Conozcamos a la Virgen María” como un aporte a que los Católicos conozcamos sobre nuestra Madre que ofrece una recapitulación de lo que Santos de nuestra iglesia han escrito sobre ella

CONTENIDO :
1- BIOGRAFÍA DE LA VIRGEN MARÍA
2- CUANDO Y DONDE MURIÓ MARÍA
3- LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN AL CIELO
4- ADVOCACIONES DE MARÍA EN EL CALENDARIO
5- LA VERDADERA DEVOCIÓN A LA VIRGEN
6- DEFORMACIONES DEL CULTO A LA VIRGEN MARÍA
7- DISCERNIMIENTO SOBRE SUS APARICIONES
8- CRONOLOGÍA DE LAS APARICIONES DE LA VIRGEN
9- MENSAJES EN LAS APARICIONES
10- ORIGEN E HISTORIA DEL SANTO ROSARIO
11- LAS 15 PROMESAS DE MARÍA
12- PARA MERECER LAS PROMESAS
13– MARÍA ES MADRE DE DIOS

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Estos folletos están diseñados para imprimirse en ambos lados de paginas tamaño carta, puede primero imprimir las páginas impares en forma horizontal (1,3,5,7,9,11,13) después, las coloca de nuevo en el printer para imprimir atrás de ellas las páginas pares (2,4,6,8,10,12,14) se doblan al centro y agregan dos grapas al centro y queda listo el folleto

El objetivo es que al momento de rezar el Santo Rosario todos los participantes tengamos el folleto en nuestras manos para une mejor devoción

Espera cosas buenas de parte de Dios

“LOS OJOS DE TODOS SE POSAN EN TI…” (Salmo 145:15)
Cuando Dios se presentó a Abraham, lo hizo con el nombre de El Shaddai, que significa “Proveedor de todo”. Y hoy el Señor te está diciendo: ‘Yo soy todo lo que necesitas’. Sabes que Dios es poderoso para hacer todo, pero a veces te preguntas si Él está dispuesto a intervenir en tu caso. No basta tener una revelación de la capacidad de Dios; tienes que creer también en su intención de ayudarte, a fin de poner un fundamento sólido para tu fe.

Un día un leproso vino a Jesús y le dijo: “…Si quieres, puedes limpiarme…” Jesús demostró su disposición con la respuesta: “…Quiero…” (Marcos 1.40-42). No permitas que satanás te convenza de que tal vez Dios no vaya a ocuparse de ti. La Biblia dice: “…Dios les proveerá de todo lo que necesiten…” (Filipenses 4:19).

Destaquemos el hecho de que la Biblia no dice que “Dios es poder”, sino que “Dios es amor”. Con ello, se hace hincapié, no en el poder, sino en que Dios está dispuesto a usar ese poder por amor. Y puesto que Dios tiene un corazón lleno de amor, usará su poder para suplir tus necesidades; pues a Él le agrada satisfacerlas. “El Señor es clemente y compasivo, lento para la ira y grande en amor. El Señor es bueno para con todos; Él se compadece de toda su creación… Los ojos de todos se posan en Ti, y a su tiempo les das su alimento. Abres la mano y sacias con tus favores a todo ser viviente” (Salmo 145:8-9, 15-16).

Quizás Dios no responda tu oración como tú crees que debería hacerlo, ni cuándo piensas que debería hacerlo, pero si confías en Él, te responderá de la manera que más te convenga.

EL SACERDOCIO DE JESUCRISTO

AUNQUE LA FUNCIÓN de mediación de Jesús entre los hombres y el Padre está bien clara y atestiguada en todo el nuevo testamento, de hecho en él no se le dan títulos sacerdotales salvo en la carta a los hebreos. Para Vanhoye esta laguna teológica se puede explicar por la deteriorada imagen del sacerdocio en tiempos de Jesús. Las líneas explicativas de la muerte de Jesús: rescate, muerte por los pecados (Siervo de Yahvé), liberación de la esclavitud, cordero pascual, etc., no son explicaciones necesariamente sacerdotales. “Consideradas bien las cosas, no puede por tanto decirse que la tradición evangélica establezca muchas relaciones entre el misterio de Jesús y el culto sacerdotal propiamente dicho.

Sin embargo, si ponemos atención a la función mediadora de Jesucristo entre Dios y los hombres, la vida, muerte y glorificación de Jesús son la realización de esa función sacerdotal. Por eso, para el estudio del sacerdocio de Jesucristo, conviene estudiar no solo la carta a los hebreos, sino también algunos textos en que se manifiesta su carácter de mediador. En realidad, la confesión cristiana de que Dios actuó en Cristo es una afirmación contundente de Jesucristo como mediador. Ahora bien, esa actuación de Dios en medio de los hombres se revela desde la encarnación hasta siempre, puesto que la resurrección implica que Jesús está con nosotros todos los días, hasta el fin del mundo: Mt 28,20.

Para un individuo cualquiera, esto significa que su relación con Dios tiene solo un mediador: Cristo. ¿Quiere decir esto que las mediaciones – epíscopos, diáconos, etc.– son ilegales? Lo son si no se ordenan a la única mediación de Jesucristo como apoyos y controles humanos de la sociedad visible. Queda aún la pregunta por las mediaciones sacerdotales y ese es el punto crucial. Según la carta a los hebreos, el único sacerdote del cristianismo es Jesús. La carta no hace referencia a submediadores que hagan posible el acceso del pueblo a la mediación de Jesús.

En la carta a los hebreos
El sacerdocio de Jesucristo es un tema que, explícitamente, solo se presenta en la carta a los hebreos, en una parte de la argumentación que se relaciona con el sacerdocio de Melkisedek: Hb 7,1.3.11.14.15.17.21. Sin embargo, el tema se prepara en los capítulos anteriores. El hecho de que el tema del sacerdocio de Jesús se trate solo en la carta a los hebreos es importante porque revela que la persona de Jesucristo no fue percibida con carácter sacerdotal durante su ministerio público. Como ya hemos visto, la relación de Jesús con el sacerdocio fue más que espinosa y fueron principalmente los sacerdotes quienes intercedieron para que fuera crucificado. Históricamente, pues, la muerte de Jesús no fue un rito sacrificial-sacerdotal. Solo la reflexión posterior pudo atribuir a Jesús, a su muerte y resurrección, carácter sacerdotal. En este escrito, su autor lleva a la cristología real en dirección de una cristología sacerdotal, en cuanto que compra a Jesucristo con los sacerdotes de la antigua alianza. A este respecto, es importante el texto de Hb 2,16-17, que dice: 16 Porque, ciertamente, no se ocupa de los ángeles, sino de la descendencia de Abrahán. 17 Por eso tuvo que asemejarse en todo a sus hermanos, para ser misericordioso y sumo sacerdote fiel en lo que toca a Dios, en orden a expiar los pecados del pueblo. 18 Pues, habiendo sido probado en el sufrimiento, puede ayudar a los que se ven probados.

Jesucristo es sumo sacerdote durante su existencia, porque se asemejó en todo a sus hermanos. Esta condición era novedosa para el sacerdocio, que más bien subrayaba la separación entre el hombre sagrado, el sacerdote, y el profano, todos los no-sacerdotes. El sacerdocio de Jesús era real en su vida, pero hay otro elemento que lo complementa y que se dio solo al final de ella: la obediencia hasta la muerte, que está señalada en Hb 2,9. En los dos primeros capítulos se afirma que Jesús cumplió con las dos condiciones para ser sumo sacerdote: haber obedecido a Dios hasta el fin y ser solidario con los hombres. Por haber cumplido con estos dos requisitos, es el mediador ideal: “Está unido íntimamente a Dios en la gloria celestial y sigue estando estrechamente unido a nosotros. Por tanto, está asegurada en él la comunión vivificadora entre Dios y los hombres; es efectivamente sumo sacerdote”. El cumplimiento de esas dos condiciones no están en función de la comparación con los sacerdotes judíos, pero esa comparación está en el centro de la carta y la retoma cuando asegura que la función principal de Jesucristo sumo sacerdote fue expiar los pecados del pueblo. Con estas afirmaciones, el autor quiere subrayar que el aparato ritual y demás características del sacerdocio de nuestros tiempos –enseñanza y gobierno–, eran secundarias o no existían en el sacerdocio judío de los tiempos de Jesús. Pero Jesucristo fue también maestro y apóstol, por lo que su mediación no se limitó a lo propiamente sacrificial Es decir, él es el jefe y maestro de la comunidad cristiana y toda autoridad magisterial y de gobierno debe ordenarse a su autoridad, pues solo Jesús es digno del mayor crédito.

La traducción: “para ser misericordioso y sumo sacerdote fiel” podría ser mejor: “misericordioso y creíble sumo sacerdote”. Estos dos adjetivos son muy importantes para el autor pues en el desarrollo siguiente los va explicando. Según Vanhoye, la fidelidad no se dice de Jesús con respecto a Dios, sino de los hombres con respecto a Jesús. Jesús, según esta expresión, es digno de fe. El texto que sigue: Hb 3,2, explica este sentido del adjetivo. Jesús es creíble como lo fue Moisés en toda su casa, cf. Nm 12,17, que es el texto aludido. Por eso mismo le da el título de apóstol: Hb 3,1, que no puede limitarse a la esfera del sacerdocio judío, pero que está emparentado con ella (Para Malaquías el sumo sacerdote es un apóstol, enviado de Yahvé, aunque usa el término ángel (que nuestro autor no quiso usar porque acababa de decir que Jesús era superior a los ángeles). El texto de Malaquías dice: “Los labios del sacerdote guardan la ciencia y la ley se busca en su boca, porque él es el mensajero de Yahvé Sebaot”: Ml 2,7 ). Jesucristo es, pues, un sumo sacerdote a quien hay que creer y de quien hay que aprender. Jesucristo como sumo sacerdote es el principal maestro.

En la sección 3,1-5,10 se trata de Jesucristo como pontífice fiel y compasivo. Estas dos características eran muy importantes para la función de mediación. Pero no hay que pasar por alto que en Hb 3,1-6 se usa la palabra casa en seis ocasiones. Esa casa que Jesús gobierna es tanto “su” casa como la casa de Dios, y “su” casa son los cristianos: Hb 3,6, es decir, la iglesia. También en esto, el autor se separa de la comparación entre Jesucristo y los sacerdotes judíos para subrayar que el sacerdocio de Jesús implica el gobierno de su iglesia. Retomando la comparación de Jesucristo con los sacerdotes judíos, Hb 5,1-3 subraya que el sumo sacerdote podía sentir compasión por los hombres debido a que él mismo era hombre. Por eso mismo debía ofrecer primero sacrificios por sus propios pecados antes de ofrecer los por los del pueblo. En Hb 5,1 se dice que el sumo sacerdote está puesto para ofrecer sacrificios y 5,7 dice que Cristo ofreció sus sufrimientos. “Los acontecimientos trágicos que ponían en cuestión toda la obra de Jesús, su misión y su personalidad misma, esos episodios que amenazaban tragárselo por entero en la muerte, provocaron en él una oración intensa, que constituyó una ofrenda sacerdotal”.

Por tanto, se puede afirmar que el sumo sacerdocio de Jesucristo se fundamenta en la solidaridad con el sufrimiento y que consiste en la ofrenda de su vida, no solo de su muerte, de cada acto de su vida. Él aceptó el sufrimiento “aun” siendo el Hijo: Hb 5,8; es decir, que no tenía que haber sufrido, pero que ese sufrimiento aceptado hasta la muerte, lo hizo perfecto. Cristo recibió la dignidad de sumo sacerdote, por parte del Padre. Se impone la pregunta sobre el tiempo en que Jesús fue sumo sacerdote, ¿desde su encarnación o desde su glorificación? Al parecer 5,6 indicaría que recibió la gloria del sumo sacerdocio en su encarnación, pero el salmo 2 no está citado ahí para indicar que tuvo la gloria del sumo sacerdocio, sino para indicar que Dios, su Padre, fue quien le otorgó tal dignidad. Con ello se apunta en dos direcciones: Jesús es el Hijo y está cerca del Padre, y a la vez, es hombre perfecto en la obediencia. Estas dos características eran esenciales en la mediación del sacerdocio judío de los tiempos de Jesús.

No se debe pasar por alto que en Hb 5,8 se aclara que Jesucristo fue escuchado, es decir, que su mediación es completa. Los sacerdotes del antiguo testamento no tenían la cercanía con Dios que disfrutaba Jesucristo, por lo que su sacerdocio era imperfecto. El sacrificio de Jesús es perfecto y ya no se deben ofrecer otros sacrificios, cf Hb 7,27; 9,25; 10,11-14. La carta a los hebreos, dado que compara el sacerdocio de Cristo con el sacerdocio judío, pierde de vista muchos aspectos sacerdotales de Jesús que se pueden resumir en que él hace presente a Dios en la historia de los seres humanos, de una manera más directa y cercana que todos los mediadores del antiguo testamento, pero de esto hablaremos más tarde.

En la sección correspondiente a 7,1-10,18, la carta quiere demostrar que el sumo sacerdocio de Jesús es superior al de los judíos. Para ello retoma la afirmación de 5,10: Jesús es sumo sacerdote a semejanza de Melkisedek. Dado que ese personaje procedía de un linaje desconocido, no pertenecía al sacerdocio oficial del antiguo testamento, por ello, la carta no hace la comparación del sacerdocio de Melkisedek con el de Cristo en las dos secciones anteriores. Melkisedek era sacerdote de Dios y no se menciona su ascendencia, su nacimiento ni su muerte, era, por tanto, un sacerdote para siempre: Hb 7,3, en lo que se asemejaba al Hijo de Dios, es decir, a Jesucristo: 7,3.28. No se afirma aquí que Jesucristo fuera sumo sacerdote por ser el Hijo y que por tanto tuviera esa dignidad desde su encarnación; se afirma solo que era el Hijo y que tuvo la gloria del sumo sacerdocio eterno –para siempre (Hb 1,2. El sacerdocio pertenecerá entonces a Cristo incluso antes de la encarnación. Sin embargo, esta interpretación no está de acuerdo con la doctrina expresada en otros pasajes de la epístola, según la cual Cristo fue hecho sumo sacerdote. Por consiguiente, no hay una vinculación inmediata entre la filiación divina y el sacerdocio. Este no se confunde con el papel del hijo respecto a la creación”).

En Hb 7,26-28 se concluye la argumentación de todo el capítulo con la estampa de un sumo sacerdote ideal: es santo, inocente, incontaminado, encumbrado por encima de los pecadores, que no tiene necesidad de ofrecer sacrificios por sus propios pecados, que instituyó un solo sacrificio eterno y que es PERFECTO (La sección 7,4-10 recuerda cómo Abraham le entregó el diezmo y fue bendecido por él. Si Leví es descendiente de Abraham, Leví mismo entregó, en las entrañas de Abraham, el diezmo a Melkisedek y con ello lo reconoció como superior. En 7,11-19 argumenta que si el salmo anunció a un sacerdote según Melkisedek, entonces ya no lo sería según Leví y según la ley. Por tanto, el sacerdocio de Jesucristo, según el rito de Melkisedek es superior al levítico, supera la ley de Moisés, y corresponde a una esperanza mejor: Hb 7,19, puesto que la ley no llevó a nada a la perfección (ouvde.n ga.r evtelei,wsen). El sacerdocio de Jesús suplanta al sacerdocio levítico, que es evaluado como ineficaz, inútil e incluso fraudulento, pues no era verdad que llevara a nadie a la perfección, a nadie le quedaban llenas las manos y por tanto el sacerdocio no era verdadero. Este tema se retoma en Hb 9,8-10). PARA SIEMPRE (Hb 7,20-25 añade todavía otro argumento: Dios juró instaurar un sacerdocio para siempre según el rito de Melkisedek, por tanto, el sacerdocio de Jesucristo, que es según ese rito (pues Jesús no era descendiente de Leví), es para siempre y pertenece solo a él).

Jesús es presentado como sumo sacerdote celestial pues ofreció su misma vida: Hb 8,1-5, mientras que los sumos sacerdotes ofrecían solo sacrificios terrestres. El autor opone lo meramente cultual del sacerdocio judío y lo existencial del sacerdocio de Jesús. Pero además de existencial, su sacerdocio penetra en el santuario celestial, que es la tienda verdadera y el templo verdadero del que Dios habló a Moisés (cf. Ex 25,40). Esa tienda es el cuerpo mismo de Jesús, como dice Hb 3,1-6.
Jesucristo es mediador de una nueva alianza: Hb 8,6, que ya no requiere ritos de sacerdotes, cf. Hb 9,1-7. En Hb 9,28 se cita textualmente Is 53,12, según los LXX, es decir, la muerte de Jesús es interpretada como sacrificio por el pecado y por ello Jesús es sacerdote y víctima. El cuerpo de Jesucristo, entregado en oblación, santifica: Hb 10,10, y perfecciona: Hb 10,14, a quienes sí tienen necesidad de ser perdonados por sus pecados: Hb 9,9. En Cristo los fieles tienen la posibilidad de ofrecer sus ofrendas a Dios: Hb 10,19; 9,14; 12,28; 13,15-16. Y para ofrecerlas pueden entrar en el santuario, Hb 10,19, lo cual implica que ahora ellos asumen ese privilegio del sacerdocio antiguo y que este queda abolido. “Ningún hombre puede pretender sustituir a Cristo para conducir a Dios a los demás hombres. Como la mediación es el rasgo más específico del sacerdocio, se comprende fácilmente que el autor no les haya atribuido a los cristianos el título de sacerdotes. El único sacerdote, en el sentido pleno de la palabra es Jesucristo. Esta es la gran novedad cristiana”.

Lo central del sacerdocio es su carácter de mediación y la carta a los Hebreos enfoca la mediación de Jesucristo a partir de una comparación con el sacerdocio judío de su época. Por eso, el sacerdocio de Jesucristo, tal como es presentado en la carta, es solo parcial y está necesitado de varios matices.
Resulta sorprendente que, a pesar de esta carta, se siga defendiendo la existencia de sacerdotes mediadores de la gracia. No discutiré, en este espacio, las razones históricas y teológicas que fundamentan la ordenación de sacerdotes mediadores de la gracia, pero no quiero dejar pasar la oportunidad de mostrar cómo esas razones teológicas e históricas determinan, en muchos casos, la exegesis que se hace de los textos neotestamentarios. Vanhoye, por ejemplo, defiende la institución del ministerio sacerdotal como mediación: “Mientras que el poder de rendir culto al Dios vivo (9,14) se les comunica a todos los fieles durante toda su vida, el poder de representar la mediación de Cristo no se les da más que a unos instrumentos determinados, acciones sacramentales y personas de los dirigentes, sin que se trate –subrayémoslo de nuevo– de un poder de ejercer la mediación en lugar de Cristo, sino del poder de manifestar la mediación de Cristo”.

EL SACERDOCIO DE LOS CRISTIANOS
a) La palabra IERATEUMA aparece solo en dos textos del nuevo testamento: 1 P 2,5 –sacerdocio santo; sacrificios espirituales–; y 1 P 2,9 –sacerdocio real. En ambos casos se trata del sacerdocio de los cristianos. En 1 P 2,9 dice: basilei,on i`era,teuma, es decir, sacerdocio real, citando Ex 19,6 según los LXX.
Sentido del texto
Dado que Pedro está citando Ex 19,6 y que lo hace en presente –“ustedes son”… “antes no eran pueblo mas ahora son pueblo”–, lo más probable es que estuviera pensando que aquella promesa se realizaba en los cristianos. Ahora bien, ¿cuál es la promesa que se cumple en los cristianos? Nos encontramos aquí de nuevo con los sentidos que señalaba para Ex 19,6; excepto que la interpretación de que el pueblo cristiano sería gobernado por sacerdotes y por ello sería un pueblo sacerdotal no es posible para este texto, pues ni se hace explícita, ni se supone la existencia de una casta sacerdotal, como en el caso de Ex 19,6. Quedan, por tanto, como posibilidades de sentido las siguientes:

Para los israelitas contemporáneos de Jesús en la era mesiánica todos los israelitas recobrarían su función sacerdotal –recordemos que antes de la alianza del Sinaí los primogénitos ofrecían los sacrificios, que los reyes, los patriarcas y otras personas tenían facultades sacerdotales. Pedro anuncia que esa promesa se cumplió en los cristianos, excluyendo la posibilidad de la existencia de una casta especial con funciones sacerdotales. Esta interpretación es la más probable, puesto que la intención de Pedro en el texto es mostrar que los cristianos pueden ofrecer sacrificios espirituales a Dios a través de Cristo, pues ellos mismos, por la fe, participan de ciertas prerrogativas de Jesús –piedras vivas, honor, elección, etc.–, y pueden acercarse –lo que antes solo era permitido a los sacerdotes. Orígenes comenta: “Ustedes son un pueblo sacerdotal, por consiguiente tienen acceso directo al santuario. Cada uno de nosotros tiene en sí mismos su holocausto y es él mismo quien pone fuego al altar para que tenga siempre fuego. Por eso, si yo… entonces yo ofrezco mi holocausto sobre el altar del Señor y llego a ser sacerdote de mi propio sacrificio. De esta manera ejerzo mi sacerdocio”.

Algunos autores interpretan el texto en sentido de que todo el pueblo cristiano es sacerdotal, pero sin excluir la existencia de una casta especialmente sacerdotal o especialmente dedicada a ello, aunque de esa casta nada diga el texto. Bigg afirma: “tampoco aquí es posible ninguna presunción en contra de la existencia, en la comunidad cristiana, de una clase de oficiales espirituales (La relación del sacerdocio con la casa hace pensar a Vanhoye que dentro del mismo sacerdocio existen diferenciaciones que, sin embargo, el texto no desarrolla. El texto paralelo Ef 2,21-22, subraya la existencia de una estructura en ese edificio. “La existencia de una jerarquía sacerdotal en la iglesia, dice Vanhoye, no está por tanto en desacuerdo ni mucho menos con la idea de hieráteuma, tal como Pedro la presenta en 2,4-5; al contrario, está implícitamente contenida en ella).
Estrada comenta al respecto: “No hay ninguna contraposición (en 1 P 2,4-10) entre el sacerdocio ministerial y el de la comunidad, sencillamente porque no hay alusiones al primero. Es decir, el texto no habla de la existencia de sacerdotes con poder de mediación en el cristianismo y tampoco la supone. Decir que no está en contra de ella de ella requiere un análisis. En efecto, el texto no excluye que haya personas especialmente dedicadas a la dirección del culto o la liturgia, siempre y cuando la mediación siga siendo de todo el pueblo. Tampoco excluye maestros y dirigentes de la comunidad. Pero lo que sí excluye es mediadores sacerdotales.
Para muchos autores, el sentido del texto es que el pueblo de Dios se convertirá en signo para todo el mundo, así como Israel estaba destinado para ser signo (mediador) para todo el mundo. Esta es la interpretación que hace Cothenet: “Este pasaje <1 P 2,4- 10> no insiste en la dignidad particular de cada bautizado, sino en la misión comunitaria de la iglesia, como lo prueba el paralelismo entre los versículos 5 y 9”( “es cierto, por tanto, a nivel de la exegesis que la cita de Ex 19,5s no intenta extender a todos los creyentes, tomados individualmente, la noción sacerdotal, sino que, colocándose a nivel de la comunidad cristiana en su conjunto, le asigna la dignidad y la función de Israel entre las naciones: ofrecer sacrificios espirituales y proclamar las alabanzas del Dios salvador” COTHENET E., Las cartas de Pedro; Esta manera de pensar es asumida por Colunga y García: “El sacerdotium regale de la epístola de san Pedro ha de entenderse, pues, también en el sentido amplio en que se toma en el Éxodo, si bien en un orden superior. El pueblo cristiano es el Israel de Dios, la continuación en los designios divinos de la misión del Israel histórico, pero ya en la fase plena de la era mesiánica. Como Israel era el pueblo elegido entre todos los pueblos, y como tal, confidente de Dios –como los sacerdotes– e instrumento de los designios históricos de Dios, así el pueblo cristiano es también la porción selecta de la humanidad, y, por participar de la vida de la gracia de Cristo, se halla en una esfera de consagración a Dios muy superior a todos los pueblos no cristianos” (COLUNGA A. – GARCÍA M., Biblia comentada I).

Franco también piensa lo mismo: “De la misma manera que los sacerdotes son los intermediarios entre Dios y el pueblo, la iglesia, no individual, sino colectivamente, tiene que ser la intermediaria entre la humanidad y Dios, sustituyendo en esta misión al pueblo judío (Is 61,6), cuyas prerrogativas hereda (v.9).
La pregunta clave que debemos dirigir al texto es ¿el adjetivo sacerdotal quiere decir que la iglesia está en la esfera de lo sagrado o que es intermediaria? Si la afirmación del texto es que la iglesia está en la esfera de lo sagrado, entonces las primeras dos interpretaciones son viables: el pueblo entero es sacerdotal y tiene posibilidad de ofrecer su vida a Dios, y este sacerdocio del pueblo no excluye la existencia de un grupo especialmente dedicado a ello. Pero si la afirmación es que el pueblo es intermediario, entonces el acento recae en su función con respecto a las otras naciones.

En este texto, Pedro no piensa en los otros pueblos sino solo que los cristianos ya están en la esfera de lo sagrado. En efecto, los cristianos participan del culto sacerdotal, pero no de la mediación. La mediación es solo de Jesucristo. No parece que se dé al pueblo la función mediadora, más bien, se dice que no existe pues todos pueden, como sacerdotes, ofrecer sus sacrificios con la única mediación de Cristo.
El sacerdocio califica para ofrecer sacrificios espirituales por medio de Jesucristo: v.5, y también “para anunciar las alabanzas de aquel”: v.9. La finalidad de anunciar las alabanzas no está directamente conectada con el sacerdocio como mediación de gracia, pero real sacerdocio también implica el anuncio, como hemos visto.
Se trata, por tanto, de un sacerdocio inserto en el de Jesús, pero que poseen todos los creyentes y no solo un grupo de ministros que no están ni explícitos, ni sobrentendidos y que si asumen funciones de mediación, están en contradicción con el sentido del texto. Tampoco se trata de una función mediadora del pueblo cristiano con respecto a los demás pueblos y por tanto, se trata de que todos los cristianos son sacerdotes, pero sin acentuar el aspecto individual, sino el comunitario. Con ello se quiere subrayar que lo que se quiere señalar es que el pueblo está en la esfera de lo sagrado, en cuanto que puede ofrecer a Dios cada detalle de su vida.
La función sagrada de los cristianos está subrayada por la expresión “ustedes construyen un templo espiritual para un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales”. El sacerdocio santo es el resultado de la construcción del templo espiritual y del ofrecimiento de sacrificios espirituales. Es decir, al ofrecer a Dios la vida entera, el cristiano hace de ella un lugar de culto similar al del antiguo testamento, en el que Dios se acercaba a los hombres para perdonarlos y ese es precisamente el sacerdocio santo.

La conferencia episcopal alemana resumió así el contenido del Nuevo Testamento con respecto al sacerdocio de los creyentes: “El pueblo sacerdotal de los cristianos, constituido con el sacrificio de Jesucristo, actualiza así en el mundo mediante su culto litúrgico, mediante la caridad mutua, la asistencia mutua y la entrega a Dios y al prójimo mediante el sufrimiento y el martirio, el sacrificio escatológico que Jesucristo ofreció por el mundo entero.
La primacía que el nuevo testamento da a la escatología desplazó la orientación encarnacionista que mira la presencia de Dios en todo momento y lugar. Esto limitó la inculturación de la fe, la mirada benigna hacia toda la creación y por tanto el desarrollo del sacerdocio de los creyentes. El retraso de la parusía ofreció permitió revalorar el mundo presente y el papel que juega el cristiano en su consagración.

En conclusión, en el nuevo testamento hay un solo mediador, que ejerce la mediación de la enseñanza, del gobierno y la mediación sacerdotal: Jesucristo. Los diferentes ministerios: epíscopos, profetas, diáconos, presbíteros, etc., son servicios y están subordinados a la mediación de Jesucristo. El ministerio sacerdotal, sus funciones quedan diluidas en toda la comunidad y siempre están en dependencia y subordinación a la mediación de Jesucristo donde la Iglesia fue comprendiendo, a la Luz del Espiritu Santo, la dimensión sacramental de la Iglesia como medio de salvación porque Jesús esta salvando en ella y a través de ella, de allí nace la comprensión y desarrollo del sacerdocio ministerial que aparece en los primeros siglos de la Iglesia.

Sobre el sacerdocio en la Iglesia de Cristo

SOLO JESUS SALVA! Catequesis sobre el sacerdocio en la Iglesia de Cristo I

a) Descripción del sacerdocio
Dos palabras: leví y kohen, equivalen a nuestra palabra sacerdote. La palabra Leví viene, según Gn 29,34 de (läwäh), que significa acompañar o aficionarse La misma raíz significa también prestar o dar en prenda.

En Gn 49,57, Jacob condenó a Leví y a Simeón a no tener territorio por la mortandad que habían perpetrado entre los siquemitas, cf. Gn 34. Esa “bendición” de Jacob trata de explicar una situación de hecho posterior. Aunque la verdadera causa de que Leví no poseyera territorio alguno no está clara, es seguro, sin embargo, que hubo una tribu de Leví, que por alguna razón no tuvo territorio y que se especializó en las funciones sacerdotales. , puesto que Jacob, según Lía, se aficionaría a ella a partir del nacimiento de Leví, el texto dice: “Concibió de nuevo y dio a luz a un varón y dijo: ‘ahora sí se aficionará – (yillâweh) – a mí mi esposo pues ya le di tres hijos’, por eso lo llamó Leví –ywIle (lëwî)”.

La palabra Leví pudo proceder de Arabia del norte pero no es seguro que esa palabra hubiera sido tomada por los israelitas en relación con el levitismo y es posible incluso, que hubiera sido influenciada, más bien, por el hebreo.
La palabra usada en el Antiguo Testamento para referirse al sacerdote es kohen En el Génesis se usa en 14,18, hablando de Melkisedeq; en 41,45.50; 46,20, hablando de un sacerdote de On; y en 47,22.26, refiriéndose a sacerdotes egipcios. Como se puede percibir, se usa solo para los extranjeros pues no se dice que Abraham, Isaac o Jacob fueran sacerdotes, aunque, como veremos un poco más adelante, ellos desempeñaron funciones sacerdotales. En hebreo (Kwn) significa poner, fijar, erigir, establecer, fortificar, etc.4

Desde antes de la monarquía, se aplicó la palabra sacerdote hohen también a israelitas, pues ya había sacerdotes y levitas (I Sam 2,18.28). Pero siguió usándose para referirse a los sacerdotes de otros dioses. En I Sam 5,5; 6,2 se usa hablando de sacerdotes de Dagón; en Ex 2,16; 3,1; 18,1 se usa refiriéndose a sacerdotes de Madián: Reuel y Jetró.

Ese término se usó durante la monarquía y el tiempo comprendido entre el exilio y el nacimiento de Jesucristo. En II Re 10,19 y II Re 11,18 se usa para hablar de los sacerdotes de Baal; en Jer 48,7, para hablar de sacerdotes de Ammón y en Jer 49,3, para designar a los sacerdotes de Ammón. El texto más antiguo sobre la entrada en funciones del sacerdote es Jue 17, en el que se ve que el jefe de familia o de clan podía ejercer funciones sacerdotales o investir a quien quisiera para hacerlo. Miká había investido a uno de sus hijos, según Jue 17,5, pero al darse la oportunidad acogió a un levita, según Jue 17,10; 18,4, que era hijo de Guershom, hijo de Moisés.

Por Jue 17,13, queda claro que el sacerdocio levita era preferido al sacerdocio no levita. La antigüedad de este relato (Tal vez la narración de Jue 17 mezcle dos relatos anteriores: uno estaría en Jue 17,2a.4b.2b.4a.3 y trataría de un ídolo de plata; el otro hablaría del efod y de los ídolos. En 17,7-12 también es posible ver dos relatos, uno en los vv.7.11b-12a, en el que un levita es aceptado en la familia de Miká y es consagrado sacerdote y el otro en los vv.8-11a, en el que un levita vagabundo es invitado a fungir como sacerdote para Miká) se puede ver en que el padre de familia podía ejercer funciones sacerdotales, delegarlas y luego investir a un levita y en que ni el haber elaborado una imagen de Yahvé ni el uso de los terafim son reprobados por el narrador.

El nombre (Kömer), que quiere decir también sacerdote, aparece solo tres veces en la Biblia y siempre en plural: II Re 23,5, sacerdotes de Baal; Os 10,5, de Bet Aven, y Sof 1,4, de Baal. Nunca es aplicado a los sacerdotes del Señor.

Los levitas tenían los mismos derechos y obligaciones que los sacerdotes: Dt 18,6-7(En Dt 31,9 solo dice sacerdotes, pero por Dt 31,25 se entiende que se refiere a sacerdotes y levitas) Después del exilio se dieron varias explicaciones de la función y del establecimiento del sacerdocio. El cronista y el sacerdotal dicen que los levitas y los sacerdotes fueron separados: (Bdl): Nu 8,14; I Cro 23,13. El Levítico 10,10 dice que los sacerdotes debían poder distinguir entre lo profano y lo sagrado. Respecto de los levitas se dice también que fueron dados –donados–: Nu 8,16.

La explicación de la existencia de los levitas que dan Nu 1,50 y 3,6-7, es que Dios los había escogido, en lugar de los primogénitos que debían haber perecido cuando la salida de Egipto (cf.Nu 3,12; 8,16) y los había puesto al servicio de Aarón. En Dt 33,8-11 se atribuyen las funciones sacerdotales a los levitas, en general. Por Nu 26,58 sabemos que los levitas formaban cinco clanes: libnita, de Libna; hebionita, de Hebrón; mahlita –omitido por los LXX–; musita, de Moisés; y corrita, de Qorah, cerca de Hebrón. Libna, Hebrón y Qorah se encontraban en Judá, por lo que se puede concluir que los levitas se extendieron a partir de esa tribu (Un. 3,6) (En el siglo II a.C. Ben Sirá recuerda la promesa del sacerdocio eterno para Aarón: Eclo 45,7.15.24-25) Según Dt 10,6-9 Dios habría escogido a los levitas después de la muerte de Aarón.
En la práctica, después del exilio, los sacerdotes eran más favorecidos que los levitas. En Nu 18,8.32 se da más ventajas que antes a los sacerdotes. Ellos podían quedarse con más carne de los sacrificios en Lv 6-7 que en Dt 18,3, además de que les correspondían las primicias de las cosechas. A los levitas les correspondía el diezmo del trigo y del vino, pero debían dar el diezmo de ese diezmo a los sacerdotes. A los levitas correspondía además el diezmo del ganado (Lv 27,30-33; II Cro 31,6).

Nehemías, en la segunda mitad del siglo v, encareció a los judíos el cuidado de los levitas pues ellos no percibían dinero (Neh 13,10-14); además de que muchos no cumplían con el diezmo (Mal 3,7.10; Neh 12,44-47). Finalmente, según parece atestiguar el libro: Tobias 1,6-8 se juntaron los diezmos en uno solo.

b) Las funciones sacerdotales .
Aunque el sacerdocio atestiguado en el Génesis es bastante antiguo y no estaba bien delimitado ni en sus funciones ni en cuanto a quién pertenecían esas funciones, hay una buena variedad de servicios sacerdotales. El sacrificio era el acto central del culto. Noé ofreció holocaustos Gn 8,20. En Gn 22,2 se dice que Abraham subió a un monte con su hijo “para ofrecerlo ahí como holocausto”. En 22,13 dice que encontró un carnero atorado por los cuernos “y lo ofreció como holocausto” (Aunque se trata de un relato didáctico y de un personaje que no era judío, el libro de Job muestra también una de las costumbres patriarcales: elevar sacrificios para expiación de los pecados de otras personas –en este caso, de los hijos de Job– (Job 1,5). La función de santificar, que llegó a ser la actividad por excelencia de los sacerdotes, aparece también en este texto, usando el verbo santificar)

Otra actividad sacerdotal era el don de ofrendas. Caín y Abel la realizaron Gn 4,2-4, que aunque no es un relato patriarcal, parece recordar aquellos tiempos. El sacerdote tenía también la función de invocar el Nombre, como hizo Abraham en Betel, en un altar que había construido (Gn 12,7-8, cf.13,4); también se dice que plantó un tamarisco e invocó el Nombre en Beersheba (Gn 21,33). Isaac también desempeñó estas funciones sacerdotales: levantó un altar en Beersheba e invocó el nombre (Gn 26,25). Establecer una alianza se puede considerar también un trabajo sacerdotal. Abraham, en realidad, no estableció la alianza con Dios, sino Dios con Abraham. La acción correspondiente a Abraham consistió en partir los animales. Un trabajo sacerdotal muy especial fue la intercesión que realizó Abraham para que Dios no destruyera Sodoma y Gomorra (Gn 18,23-32), logrando que Yahvé no las destruyera en ese instante, aunque lo hiciera después.

Otra función sacerdotal era la mediación profética a partir de una consulta en un santuario. En Gn 25,22-23 se dice que Rebeca fue a consultar al Señor y que el Señor le respondió. Este relato supone que había lugares establecidos en los que alguien, seguramente un sacerdote, respondía a preguntas de parte de una persona. Dado que en aquella época no existía un ministerio sacerdotal en el clan de Abraham, se trata, seguramente, de un anacronismo. Levantar altares era también una actividad común entre los patriarcas y se puede calificar como sacerdotal. Se mencionaron ya los casos de Abraham en Gn 21,33 e Isaac en 26,25. Jacob levantó un altar en Siquem (Gn 33,20) y luego en Betel (Gn 28,18-19, cf.31,13; 35,1.3.7), en donde también levantó una estela (Gn 35,14).
Del éxodo a la monarquía.

Como dije antes, ni en la época patriarcal ni en este período de asentamiento anterior a la monarquía, las funciones sacerdotales eran exclusivas de los levitas: Gedeón que era de la tribu de Manasés (Jue 6,15) hizo una ofrenda y luego levantó un altar para el Señor, según Jue 6,18-24. Manoaj, el padre de Sansón, de la tribu de Dan, hizo también ofrenda y holocausto, Jue 13,19.23, funciones que hemos visto desarrollar a los patriarcas. “La vida religiosa del pueblo, como la civil y militar, estaban de hecho ligadas al juez. Las acciones cotidianas constituían en realidad la vida religiosa de la nación, en tanto que las acciones propiamente religiosas (sacrificio, oración) tenían un cierto carácter privado”. La relación con Dios estaba mediada por los jueces en cuanto ellos eran los que hacían su voluntad con respecto a la vida del pueblo. Los sacerdotes fueron asumiendo la mediación de la oración, la alabanza y la expiación. En la oración personal se podía entrar en relación con Dios descubriendo su voluntad, como en el caso de Samuel.

Entre las funciones sacerdotales patriarcales estaba el sacrificio y siguió estándolo en la época premonárquica. Un texto fundamental para comprender el sentido del sacrificio es Ex 20,22-26. En él se dice que cuando el hombre ofrece holocaustos, Dios se hace presente para bendecir, cf. I Sam 7,7-14. Según Ex 24,5, Moisés encargó a varios israelitas que ofrecieran holocaustos e inmolaran novillos. Josué construyó un altar, como se relata en Jos 8,30. Gedeón construyó un altar y sacrificó en él: Jue 6,25-26. Elcaná, que era de la tribu de Efraim, según I Sam 1,1, elevaba sacrificios a Dios, como dicen I Sam 1,3.4.21; 2,19; pero una parte de lo sacrificado correspondía al sacerdote: I Sam 2,12-17.

Tampoco el uso del efod estaba restringido al sacerdote. Los textos se refieren a dos tipos de efod, uno era una vestidura de lino que se ceñía a la cintura (en consonancia con él, en Rash Shambra el epattu era un vestido de la diosa Anat; y en Capadocia era un vestido rico). I Sam 2,18; 22,18; II Sam 6,14 –David. Pero en algunos textos parece que el efod es algo diferente, un objeto de culto difícil de describir. En Jue 17,5; 18,14.17.20 se dice que Miká hizo un efod, que luego fue transportado por los danitas. En Jue 8,27 parece un objeto de metal, o con partes de metal, esta vez hecho por Gedeón. Según I Sam 2,28 el efod era un objeto que llevaba el sacerdote.
Yahvé, por su parte, seguía entrando en diálogo con personas de deferentes tribus (Moisés: Ex 3,1-4,17; 5,22-6,1; Josué: Jos 7,6-10; con Gedeón: Jue 6,11-18; con David: II Sam 21,1, etc). y manifestando su voluntad sin dar la exclusiva de su comunicación a los levitas. Sin duda alguna, quien más disfrutó de la comunicación de Dios y entró en diálogo con él en esta época, después de Moisés, fue Samuel, que era efraimita, no levita. Samuel entró en diálogo con Dios en diversas ocasiones, desde su vocación, narrada en I Sam 3; durante la mediación entre Dios y el pueblo cuando Israel se volvió una monarquía, que se encuentra en I Sam 8-10; cuando Yahvé rechazó a Saúl –I Sam 13,7b-15; 15,10-31–; y cuando Yahvé eligió a David –I Sam 16,1-13. Samuel también intercedió por el pueblo, según I Sam 7,5.

Se puede decir que Samuel fue un mediador entre Dios e Israel. El pueblo, incluyendo a Saúl y David, conocía la voluntad de Dios por su medio (Is 1,11-13a; 40,16; 43,23-24; 66,3; Jer 6,20; 7,21-22; 14,12; Ez 20,25-26) Para Israel, la comunicación con Dios se daba en cualquier ámbito de la vida, no solo en lo cultual. De esa manera, se pueden considerar mediadoras todas las personas que revelan a la comunidad lo que Dios quiere: jueces, profetas y reyes, junto con los sacerdotes. Incluso, tal vez ese aspecto de comunicación con Dios se haya limitado más en el sacerdocio, puesto que sus funciones estaban restringidas al culto.
Los ritos penitenciales eran presididos por autoridades reconocidas, por ejemplo Josué, como se ve en Jos 7,6-9, y Samuel, según I Sam 7,5-9. En ellos se convocaba a participar a todo el pueblo. Dichos ritos tenían la finalidad de obtener de Dios el fin de alguna calamidad. En las ceremonias penitenciales de Jue 20, apenas se menciona la participación de un sacerdote, mientras que en Jue 21,4-5 este no aparece. Incluso en estos casos lo más importante es que participaba todo el pueblo para pedir a Dios que retirara el castigo.

Durante la monarquía… Como en las épocas anteriores, las actividades sacerdotales no eran exclusivas de los levitas y de los sacerdotes, pero los laicos las ejercían en contadas ocasiones. Jeroboam puso sacerdotes no levitas en Betel. Para el redactor la decisión de Jeroboam era reprobable, mientras que para él era lícita, como se ve en I Re 12,31; 13,33; II Cro 13,9. En el reino de Judá no sucedieron cosas tan diferentes. En Quiriat Yearim se había investido a Eleazar, que tampoco era levita, para el cuidado del arca, según I Sam 7,1. David, a pesar de que no era levita, ofreció sacrificios de comunión: μymil;v] (šelâmîm) y holocaustos según II Sam 6,17. También sus hijos oficiaban en el culto, como atestigua II Sam 8,18. Pero no fueron ellos los únicos no levitas que ejercieron funciones sacerdotales, vale la pena ver II Sam 20,26.

En contraste con los sacrificios de David y Salomón, Samuel se enfadó con Saúl porque este ofreció sacrificios de comunión y un holocausto, cf., por ejemplo, I Sam 13,9-13; y posteriormente, porque no consagró al anatema a algunos animales que habían obtenido como botín de los amalecitas, para ofrecerlos en holocausto –I Sam 15. Debido a que no entregó a todos los animales al anatema, Yahvé decidió suplirlo por otro rey. El rey Acaz también asumió funciones sacerdotales como se puede ver en II Re 16,12-16.

No se sabe con certeza en qué época los levitas tomaron en exclusiva las tareas sacrificiales. El problema depende en gran parte de la datación que se dé a Dt 33,8-11 – las bendiciones de Jacob. Mientras que para algunos es un texto del siglo ix, para otros es de la última parte del siglo VI (Una comparación de Dt 33 con Gn 49, que tomó su forma actual verosímilmente en el siglo X, muestra que Dt 33 es posterior, pues en Gn 49 la tribu de Leví no tiene el encargo de las funciones sacerdotales-sacrificales). Durante toda la monarquía, los levitas tuvieron las mismas funciones sacerdotales que los sacerdotes, como se advierte en Dt 18,6-7, pero en Jerusalén había cierta diferencia. Algunos textos revelan que no todos los levitas podían ejercer ahí su ministerio: Dt 12,12.18.19; 14,27.29; 16,11.14; 26,11.12.13. Es posible que esa situación se diera a partir de la reforma de Josías, hacia el 622, o que incluso fuera anterior, pero no por alguna prescripción legal, sino de hecho. Después de Josías, los sacerdotes de los altos ya no podrían subir al altar a sacrificar, cf. II Re 23,9, aunque podían comer los ázimos.

Los sacerdotes eran funcionarios del rey, quien los elegía y destituía: I Re 4,2 (Ej: Salomón expulsó a Abiatar: I Re 2,27-35. En II Re 12,5-17 se lee que Joás tomó algunas disposiciones para los sacerdotes, que incluso perduraron a Yehoyadá: II Re 22,3-7. Los sacerdotes debían destinar una partida de dinero para reparar el templo pero como no lo hacían, les prohibió tocar el dinero que debía destinarse para eso. Acaz ordenó a Urías construir un altar semejante al que había visto en Damasco: II Re 16,10-16 y el rey subió a sacrificar en él).

Por otro lado, los sacerdotes tenían también una fuerza considerable, II Re 11 muestra que la revolución que derribó a Atalía fue dirigida por Yehoyadá. La derrota de Joás fue interpretada por II Cro 24,17-27 como un castigo de Dios por haber matado al sacerdote Zacarías: II Re 12,18-22. Al parecer, también la revuelta contra Amasías fue tramada por sacerdotes: II Re 14,19; II Cro 25,27, puesto que Joás y Amasías habían saqueado el templo: II Re 12,19; 14,14.
Se puede considerar al sacerdote como un hombre del santuario. La posibilidad de entrar al santuario llegaba al sacerdote por la voluntad de Dios, manifestada en la elección de su tribu. Su acceso al santuario no dependía de la voluntad o capacidad humana para descubrir el mandato o invitación de Dios. Su elección era un privilegio, pero no era algo de lo que pudieran ufanarse como si hubiera méritos propios. Su consagración los hacía aptos para mediar entre Dios y los hombres porque solo ellos podían ejercer ciertos servicios sacerdotales.

El ofrecimiento de los sacrificios se convirtió en el centro de las funciones de los levitas, pero Ex 24,3-8 –de tradición elohísta– muestra que los sacrificios no eran exclusivos de ellos. El Deuteronomio establece las mismas funciones para levitas que para sacerdotes: 10,8; 17,9-18; 18,1; 21,5; 24,8; 31,9; pero I Sam 2,27-36, que es de la época de la reforma de Josías, da exclusividad del sacrificio a los sacerdotes ya que para ello habían sido elegidos. Otra función sacerdotal era la enseñanza de la ley, según Dt 33,9b-10; Miq 3,11; Jer 18,18; Ez 7,26, pues ella había sido entregada a los sacerdotes: Dt 31,9.26 (La Thorá se enseñaba en los templos, cf. Is 2,3; Dt 31,10-11)

Pero la enseñanza de los sacerdotes no se limitaba a la ley: Os 4,6; Jer 2,8. Los sacerdotes tenían también en sus manos la decisión final en actos de violencia: Dt 21,6); bendecían al pueblo: Dt 21,6; ofrecían primicias: Dt 26,1-11; Dt 33,10; incensaban las ofrendas: I Sam 2,28; y eran también quienes decían oráculos de parte de Dios.
Si el efod era un objeto, el sacerdote lo tenía: en I Sam 14,3 lo llevaba el sacerdote Ajías; en 23,6 era llevado en la mano; en 23,9 es un objeto para consultar al Señor; en 21,10; 23,6.9 es un objeto adivinatorio bastante grande. En relación con el efod-prenda, están los urim y los tumim que según Dt 33,8 correspondían a los levitas (Eran piezas adivinatorias: I Sam 30,7. En Ez 21,27 se habla de los terafim y en el v.26, seguramente, se refiere a los urim y los tumim. En Os 3,4 se habla solo de los terafim. En Prov 16,33 el efod es la bolsa que contiene los urim y los tumim. Urim y tumim funcionaban de forma que se les planteaba una pregunta y se echaban, según su colocación la respuesta era sí o no: I Sam 14,41-42; 23,9-12; sin embargo, a veces no respondían: I Sam 14,37; 28,6. Es importante destacar que los urim y los tumim servían para poner al pueblo en contacto con la voluntad de Dios, lo que es una función sacerdotal).

Dios se comunicaba con su pueblo manifestando su voluntad por medio de personas que él elegía y que no eran necesariamente levitas. Como antes dije, una función sacerdotal de mediación es la profecía, pues revela al pueblo o a sus dirigentes cuál es al voluntad de Dios. Ahora bien, los profetas no eran necesariamente levitas (Como Jeremias y Ezequiel). A veces incluso los sacerdotes acudían a los profetas para consultar la voluntad de Dios: II Re 23,12-20. Los profetas del norte eran más críticos de los sacerdotes y del sacerdocio mismo que los del sur. Oseas, que no era levita, es, tal vez, el profeta que más sistemáticamente criticó a los sacerdotes.

La invectiva de Os 5,1-7 parece dirigida contra ellos por haber separado a Israel de su Dios. Os 4,4-15 los culpa de desconocimiento del Señor que reina en Israel, de ofrecer sacrificios ilegítimos para ganar dinero e incluso de realizar el culto de la prostitución sagrada. De algunos reyes se dice también que entraron en diálogo con Dios, entre ellos David y Salomón: I Re 3,4-15; 9,1-9.

Finalmente, como ya dije, surgieron los sabios, quienes enseñaban lo que Dios quería de los seres humanos a través de la observación de lo cotidiano. Su enseñanza era bastante ingenua en cuanto pensaban que los sufrimientos se derivaban siempre de un mal comportamiento, en tanto que el éxito y el bienestar eran efecto de las buenas obras. Este libro, y en general los libros sapienciales, tienen la ventaja de reflejar lo que sucedía con la relación con Dios a nivel personal, independientemente de las mediaciones comunitarias que se reflejan en otras instituciones: jueces, reyes, profetas y sacerdotes.

Después del destierro, Ciro, en el siglo vi, suministraba lo necesario para los sacerdotes: Esd 6,4. Pero el templo estaba en malas condiciones: Esd 7,15-18, por lo que Neh 10,33-35 fijó cuotas para su sostenimiento. La tradición sacerdotal dice algo al respecto: Ex 30,11-16 cf. Mt 17,24. Los reyes seléucidas destinaban una buena partida para el templo en los siglos iii-ii: I Mac 1,21-24; II Mac 3,3. El templo llegó a tener una buena fortuna puesto que Craso y Tito codiciaron sus tesoros.

Después de la rebelión de los macabeos durante el siglo II, cuando los judíos obtuvieron la independencia política y religiosa, surgió una familia sacerdotal, la asmonea. De Jonatán a Antígono, los asmoneos fueron jefes de nación; pero a partir de Aristóbulo I, quien reinó del 104 al 103, tomaron el título de rey (Los ritos de investidura son posexílicos y relacionan al sumo sacerdote con el rey: el turbante: es real: Is 62,3; Eclo –heb– 11,5; 40,4; 46,16; la corona o diadema es también real: Ez 21,31; Eclo 40,4; otra insignia, tal vez una flor:es real: II Sam 1,10; II Re 11,12; Sal 89,40. En Zac 6,9-14 la corona es para Zorobabel, pero luego pusieron ahí el nombre de Josué, sumo sacerdote). Ellos estuvieron en el poder civil hasta que Herodes el Grande reinó en Israel a partir del 37 d.C. Con todo, en la época de Jesús, todavía conservaban muchas prebendas.

El sacerdote conservaba las funciones de enseñar la Torá, Ez 7,26 y el conocimiento, era, en resumen, un ángel o mensajero del Señor: Mal 2,7. Eran, en especial los levitas, maestros de moral y religión. Los sacerdotes debían señalar lo que era puro y lo que era impuro: Lev 10,10-11; Ez 22,26; 44,23; Ag 2,11-13 y debían señalar los días de ayuno: Zac 7,3. La enseñanza de la ley pasó paulatinamente a manos no levitas. “De hecho” afirma Vanhoye, “en los tiempos posteriores al destierro, la enseñanza de la ley había dejado de ser monopolio de los sacerdotes y la clase de los escribas y doctores de la ley, abierta a los laicos, empezaba a suplantarles en este terreno”.

EL SACERDOTE DEBÍA OFRECER EL SACRIFICIO EXPIATORIO Hb 5,1; 8,3 (En el sacrificio expiatorio por el pecado –existía otro tipo de sacrificio expiatorio, el de reparación– los sacerdotes podían comer la carne si se trataba de la expiación individual o por la comunidad. En este caso, la sangre se derramaba en los cuernos y al pie del altar. Si la expiación se realizaba por el sumo sacerdote o por el pueblo, el sacerdote rociaba un poco de la sangre ante el velo del santuario, otra parte la ponía en los cuernos del altar y el resto al pie del altar de los holocaustos, frente a la tienda del encuentro: Lv 4-6. El sacrificio de expiación por el sumo sacerdote o por el pueblo, según Lv 6,17-23, exigía que se quemara toda la carne. Si la expiación era por otro particular, la sangre no entraba en el santuario, sino que con ella se frotaban los cuernos del altar de los holocaustos y luego se derramaba el resto al pie del altar. Solo el sacerdote subía al altar y tomaba una porción para sí: Lev 21,6. El oferente –cuando se trataba de un sacrificio privado– sacrificaba, pero el sacerdote ofrecía la sangre: Lev 1,5; 3,2.8.13; 4,24.29.33. Cuando se trataba de un sacrificio público, los levitas hacían el sacrificio: II Cro 30,17; Ez 44,11 y el sacerdote manipulaba la sangre: Lev 17,11.14 y subía al altar. Así pues, cuando el sacrificio se llevaba a cabo en el altar, era realizado por el sacerdote: Lev 1,14-15; 5,8).

Hacer la oblación, el holocausto: Lv 1; 6,2-6 y el sacrificio de comunión Lev 3; 7,11-21; 9,22. (El sacrificio de comunión podía ser ofrecido por cualquier israelita, pero implicaba la comunión de Dios con todo el pueblo. Los sacrificios de comunión eran: de consagración de un sacerdote: Ex 29,19-29; Lv 8,22-24; de conclusión de un voto de un nazir: Nu 6,19-20; de alabanza: Lv 7,11-15; de conclusión de un voto y sacrificio de comunión espontáneo: Lv 7,16-18. En estos sacrificios el sacerdote entregaba una parte a Dios y el resto era consumido por él). Sacrificios que llegaron a ser exclusivos de ellos. En Ex 29,38-46 se expresa la finalidad del sacerdocio y del sacrificio para la tradición sacerdotal: que Dios se encuentre y more entre los israelitas (“La preeminencia de las leyes sacrificiales proviene así, de que los sacrificios tienen como función fundamental responder a la presencia de Dios entre su pueblo y perpetuar esta presencia. En resumen, todas las prescripciones contenidas en el libro del Levítico responden a este único objetivo” ). La oblación era siempre vegetal: Lv 2; 6,7-16, y tenía la finalidad de lograr una estrechísima comunión entre Dios y los sacerdotes, pues ambos compartían la mesa. “No carece de interés observar que esta comunión se hace posible únicamente gracias al laico israelita, ya que allí donde la ofrenda vegetal es aportada por un sacerdote, esta es íntegramente consumida en el altar.

Aunque “la finalidad de toda acción sacerdotal se formula (en Lv 4-6), en perdón” el objetivo primario del sacrificio no es, en esta época, la absolución, sino la comunicación con Dios, cf. II Cro 29,5-9. El centro de la teología sacerdotal de la expiación es el gran día de la expiación descrito en Lv 16: un carnero era sacrificado y su sangre penetraba lo más sagrado del templo. El sacrificio del día de la expiación “es la única forma en que la vida puede dirigirse, a pesar de la variedad de pecados, sin enfrentarse con el justo enfado de Dios. Es la única forma en que puede haber una coexistencia permanente entre Dios y pueblo. Según Nu 15,22-29, solo podían expiarse las faltas inadvertidas, mientras que por los pecados voluntarios no había remisión posible.

Solo los sacerdotes tenían acceso al templo, pero incluso una parte de él les estaba vedado. A ella solo podía entrar el sumo sacerdote y nada más el día de la expiación. Exclusivamente en ese día se introducía la sangre de la víctima en el santo de los santos para rociar el propiciatorio. Como el sacerdocio se centró cada vez más en el sacrificio y el altar, la destrucción del templo el año 70 d.C. marcó su decadencia y la preponderancia de los rabinos. Pero su efecto principal estuvo en la absolutización del sacerdocio como mediación para la relación con Dios. Esto solo se puede explicar por la desaparición del rey y la extinción de los profetas. Por otro lado, los sapienciales no judaizantes – Proverbios, Job y Qohélet-Eclesiastés–, y en parte también los judaizantes –Sirácide- Eclesiástico y Sabiduría–, enseñan al individuo a relacionarse con Dios. Junto con ellos, los salmos se constituyen como la gran escuela de oración pública y privada y de entrenamiento en la búsqueda de los deseos de Dios y de una relación íntima con él.

Lo esencial del sacerdocio levítico era la mediación sacrificial. El sacerdote era un mediador: cf. Heb 5,1. “El sacerdote es un mediador, como lo son también el rey y el profeta. Pero estos últimos lo son por un carisma personal, como elegidos de Dios; EL SACERDOTE LO ES POR ESTADO; el sacerdocio es una institución de mediación”, entendida como institución posibilitadora de comunión entre Dios y los hombres. La función de mediación fue centrándose paulatinamente en los sacrificios, y dentro de ellos, en el del día de la expiación. Esta reducción de la mediación se corresponde con la desaparición de la profecía y de la realeza. También las liturgias penitenciales (que antes del destierro podían ser presididas por no levitas), se concentraron en sus manos, cf. Esd 9,3-10,1; III Mac 2,1-20; 6,1-20.

LA ESPERANZA SACERDOTAL JUDÍA EN LOS TIEMPOS DE JESÚS
Los judíos de tiempos de Jesús esperaban a un sacerdote según las promesas divinas hechas a Aarón: Si 45,7.15.24-25. Esta esperanza es evidente en los escritos de Qumrán. En la Regla de la comunidad se evoca la venida de un profeta y de dos ungidos, el de Aarón y el de Israel. Para el Antiguo Testamento no había llegado el profeta como Moisés, prometido en Dt 18,18 (cf. Jn 1,21), así como tampoco el mesías-rey y el mesías-sacerdote. En I QSa II,11-12 se dice que la presidencia de toda la casa de Israel estaría en manos el sacerdote y que él, antes que nadie, bendeciría las primicias del pan y del vino. El Documento de Damasco evoca solo a un mesías, pero que sería de Aarón y de Israel. “Parece ser que en una época determinada o en algunas comunidades, las esperanzas mesiánicas se centraron en un solo personaje, que tenía que recibir a la vez la unción sacerdotal y la consagración real”.

El Testamento de los doce patriarcas también habla de un mesías sumo sacerdote; a la vez que de un sumo sacerdote y un rey, provenientes uno de la tribu de Judá y el otro de la de Leví. En el Testamento de Leví dice: “el sacerdocio desaparecerá, y entonces el Señor suscitará un nuevo sacerdote, a quien se le revelarán todas las palabras de Dios y que ejecutará un juicio de verdad sobre la tierra durante una multitud de días. Y su astro se elevará en el cielo, como un rey”.
En el Testamento de Judá, este aclara que la preeminencia la tiene Leví sobre el mismo Judá, por eso es de suma trascendencia que el único mediador y sacerdote del cristianismo sea un descendiente de Judá. Este hecho apuntala la crítica neotestamentaria de la mediación sacerdotal levítica.

P. Tony. https://www.facebook.com/pages/Pan-de-la-Palabra/282068731846489

DUERME EL SEÑOR… Y EL MAL CREE Q HA VENCIDO… MAS NO FUE ASI!

EL DESCENSO DEL SEÑOR A LA REGIÓN DE LOS MUERTOS

¿Qué es lo que pasa? Un gran silencio se cierne hoy sobre la tierra; un gran silencio y una gran soledad. Un gran silencio, porque el Rey está durmiendo; la tierra está temerosa Y no se atreve a moverse, porque el Dios hecho hombre se ha dormido Y ha despertado a los que dormían desde hace siglos. El Dios hecho hombre ha muerto y ha puesto en movimiento a la región de los muertos.

En primer lugar, va a buscar a nuestro primer padre, como a la oveja perdida. Quiere visitar a los que yacen sumergidos en las tinieblas y en las sombras de la muerte; Dios y su Hijo van a liberar de los dolores de la muerte a Adán, que está cautivo, y a Eva, que está cautiva con él.

El Señor hace su entrada donde están ellos, llevando en sus manos el arma victoriosa de la cruz. Al verlo, Adán, nuestro primer padre, golpeándose el pecho de estupor, exclama, dirigiéndose a todos: «Mi Señor está con todos vosotros.» Y responde Cristo a Adán: «y con tu espíritu.» Y, tomándolo de la mano, lo levanta, diciéndole: «Despierta, tú que duermes, Y levántate de entre los muertos y te iluminará Cristo.

Yo soy tu Dios, que por ti me hice hijo tuyo, por ti y por todos estos que habían de nacer de ti; digo, ahora, y ordeno a todos los que estaban en cadenas: “Salid”, y a los que estaban en tinieblas: “Sed iluminados”, Y a los que estaban adormilados: “Levantaos.”

Yo te lo mando: Despierta, tú que duermes; porque yo no te he creado para que estuvieras preso en la región de los muertos. Levántate de entre los muertos; yo soy la vida de los que han muerto. Levántate, obra de mis manos; levántate, mi efigie, tú que has sido creado a imagen mía. Levántate, salgamos de aquí; porque tú en mí y yo en ti somos una sola cosa.

Por ti, yo, tu Dios, me he hecho hijo tuyo; por ti, siendo Señor, asumí tu misma apariencia de esclavo; por ti, yo, que estoy por encima de los cielos, vine a la tierra, y aun bajo tierra; por ti, hombre, vine a ser como hombre sin fuerzas, abandonado entre los muertos; por ti, que fuiste expulsado del huerto paradisíaco, fui entregado a los judíos en un huerto y sepultado en un huerto.

Mira los salivazos de mi rostro, que recibí, por ti, para restituirte el primitivo aliento de vida que inspiré en tu rostro. Mira las bofetadas de mis mejillas, que soporté para reformar a imagen mía tu aspecto deteriorado. Mira los azotes de mi espalda, que recibí para quitarte de la espalda el peso de tus pecados. Mira mis manos, fuertemente sujetas con clavos en el árbol de la cruz, por ti, que en otro tiempo extendiste funestamente una de tus manos hacia el árbol prohibido.

Me dormí en la cruz, y la lanza penetró en mi costado, por ti, de cuyo costado salió Eva, mientras dormías allá en el paraíso. Mi costado ha curado el dolor del tuyo. Mi sueño te sacará del sueño de la muerte. Mi lanza ha reprimido la espada de fuego que se alzaba contra ti.

Levántate, vayámonos de aquí. El enemigo te hizo salir del paraíso; yo, en cambio, te coloco no ya en el paraíso, sino en el trono celestial. Te prohibí comer del simbólico árbol de la vida; mas he aquí que yo, que soy la vida, estoy unido a ti. Puse a los ángeles a tu servicio, para que te guardaran; ahora hago que te adoren en calidad de Dios.

Tienes preparado un trono de querubines, están dispuestos los mensajeros, construido el tálamo, preparado el banquete, adornados los eternos tabernáculos y mansiones, a tu disposición el tesoro de todos los bienes, y preparado desde toda la eternidad el reino de los cielos.»

Quinto Domingo de Cuaresma (ciclo B)

LA LOGICA DE DIOS, DESCONCIERTA A LOS HOMBRES!!!…
Jer 31,31-34: Haré una alianza nueva y no recordaré sus pecados
Salmo 50: Oh Dios, crea en mí un corazón puro
Heb 5,7-9: Aprendió a obedecer y se ha convertido en autor de salvación
Jn 12,20-33: Cuando sea alzado sobre la tierra atraeré a todos hacia Mi.

Estamos a las puertas de una nueva celebración de la Pascua del Señor. El evangelio de hoy es un fragmento que sigue de la entrada del señor a Jerusalem para la fiesta de la pascua judía. muchos han presenciado esa entrada del señor, muchos lo han visto pasar unto a ellos, pero solo unos pocos, como dice san Juan, lo quieren ver.
Durante la cuaresma todos hemos subido a Jerusalem con Jesus, pero debemos definirnos dónde estamos, si somos parte del gentío que “sigue” a Jesus o si somos de aquellos que lo hemos visto pasar pero que queremos conocerlo de forma personal, tener una experiencia viva y cercana de El. Somos parte de tantos “creyentes” que vienen en estos dias a la Iglesia y que luego no se sabe mas de ellos… A la petición de los griegos que quieren verle, Jesus responde forma sorprendente: Es la hora de que de gloria al Padre… Seré alzado sobre la tierra y atraeré a todos hacia Mi.

La historia de la Salvación esta marcada por un hecho paradójico a los ojos humanos: El bueno, el justo y el inocente sufre, es maltratado y condenado injustamente por el injusto y malvado. Esta experiencia nos desconcierta y en los salmos encontramos frecuentemente el reclamo del Justo al Señor sobre el por qué!!! Sí! Por qué parece que el mal triunfa sobre el mal, que los buenos se ven amedrentados por los malos, por qué parece que a los malos les “va bien” mientras que la vida de los buenos es todo desgracia…. La lógica de Dios desconcierta a los hombres. De que lado estas tu, del lado de los que buscan la justicia o hacen la injusticia.

Y es que este hecho se ve plenamente encarnado en Jesús, como el siervo de Yahvé. Qué presenciaremos en la semana santa? Presenciaremos, como oiremos del profeta Isaias, algo inenarrable, un suceso inconcebible… un varón lleno de dolores, aplastado por nuestras iniquidades, transido de dolor, son nuestros pecados los que carga… sus heridas nos han curado. Esta es la GLORIFICACIÓN que Jesús dará al Padre! veremos el rostro del crucificado, Jesus cuyo trono es la cruz, su rostro refleja el amor de Dios por los hombres, su entrega al Padre.

Jesús vence el mal y la muerte, asumiendo el dolor, el pecado y la muerte misma en su pasión, muerte y resurrección! Cristiano, Cristo es alzado sobre la tierra y su rostro atrae a todos hacia El. En cada eucaristía nosotros asistimos al Calvario, allí donde Cristo pende de la Cruz ofreciendo el único sacrificio que salva; cada vez que el sacerdote alza el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo en el altar, El nos llama, nos sana y santifica. Lo reconoces hermano Tu a Jesus en cada eucaristía, en tu vida y en el que sufre?

EN MEMORIA DE MONS ROMERO, SIERVO DE CRISTO.

Jesucristo fue obediente hasta la muerte y una muerte de cruz por salvarnos.
P. Tony.

Artículo tomado del perfil de la página de Facebook del P. Antonio Ramírez: https://www.facebook.com/pages/Pan-de-la-Palabra/282068731846489

Reflexiones propias de la Semana Santa

La muerte de Jesús fue un crimen, un asesinato; fue la ejecución de un condenado injustamente por los opresores por haberse puesto de parte de los oprimidos, oprimidos también por la religión oficial.

La Fe sin compromiso no es fe aunque se vista de ropajes, capuchones, imágenes, procesiones, alfombras, tambores,  teatros y mantillas.

Todos los años vemos a muchas personas participar en las celebraciones de la llamada Semana Santa, sobre todo en procesiones, a las que a veces les damos un gran formato teatral.

En cambio participamos menos en las celebraciones que tienen en si una mayor densidad y compromiso, y la deberían tener también en nosotros, y aquí está el problema, porque la fe sin compromiso no es fe, aunque se vista de ropajes, capuchones, imágenes, procesiones, tambores, etc. Lo que le sucedió a Jesús tenemos que traducirlo y aplicarlo a la realidad de nuestro tiempo. Reflexionemos un poco sobre esto:

1.-DOMINGO DE RAMOS:
Jesús recibe un homenaje popular de gente que lo aclama, pero no de todos. Lo recibe de los pobres y oprimidos en quienes despertó la esperanza, de los muchos enfermos que curó, de los hambrientos a quienes dio de comer. Pero a este homenaje se oponían furiosos todos aquellos a los que Jesús había denunciado: los fariseos, los sumos sacerdotes, los letrados. Eran todos aquellos que vivían a costa de los demás, que se atreven a decirle a Jesús: “mándales callar”. ¿A quiénes debemos denunciar hoy? ¿Quiénes son y dónde están? Ya lo dijimos muchas veces: hoy están en los Bancos, en las Multinacionales (que solo tributan el 10 % de sus beneficios, en el BM, en el FMI, en la OMC. Están en los políticos corruptos. Están en los corruptores. Están en los ricos de los países pobres que, confabulados con las multinacionales, despojan de sus bienes y de sus tierras a los pobres campesinos, como está pasando en muchos países de Africa y América.

2.-JUEVES SANTO:
Sin duda recordamos aquella escena en la que Jesús lava los pies a los discípulos. Este trabajo era propio de esclavos. Esto hizo Jesús: hacerse esclavo entre los esclavos para liberar a los esclavos. Y les dice: “Vosotros decís que soy el Maestro y el Señor, y decís bien. Pues si yo, el Maestro y Señor, os he lavado los pies ejemplo os he dado para que hagáis vosotros lo mismo. ¿Cuándo aprenderán y practicarán esto los de arriba? ¿Cuándo serán los más humildes y sencillos de todos? ¿Cuándo empezarán a ponerse en el último puesto, empezando por los jerarcas eclesiásticos que deberían ser los primeros en aprender de Jesucristo?

En aquella memorable cena donde la comida del cordero pascual recordaba la liberación del pueblo de la opresión y esclavitud de Egipto, Jesús sienta a sus discípulos y discípulas en torno a una misma mesa para compartir todos juntos una misma comida y un mismo pan.

Preguntas y compromisos para hoy:
En el mundo actual, y entre los llamados cristianos, unos ricos y otros pobres, unos bien vestidos y otros desnudos, unos con comida de sobra y otros pasando hambre, unos en casas bien dotadas y otros en champas, unos durmiendo en camas confortables y otros en la calle, unos con calefacción y otros pasando frío, unos con mucha ropa de sobra y otros con harapos, ¿eso es sentarse en torno a una misma mesa y compartir un mismo pan?

Seguro que Jesús invitó a aquella cena de despedida a sus discípulos y discípulas: ahora somos solo hombres los que consagramos el pan y el vino de la Eucaristía y nunca las mujeres: ¿eso es sentarse en torno a una misma mesa y compartir un mismo pan? ¿Jesús discriminó a la mujer de esta manera? No me cabe en la cabeza que Jesús hiciera semejante cosa. Esto fue y sigue siendo en la Iglesia una gran discriminación y muy injusta, que no tiene base ni fundamento doctrinal ni en la Biblia ni en la tradición. Solo es consecuencia del machismo ancestral de la Iglesia.

Dimensión política del Mandamiento del Amor Fraterno:
En aquella cena compartida y eucarística Jesús por cuatro veces les dice a ellos y a ellas: “Un mandamiento nuevo les doy, que se amen un@s a otr@s”. Este mandamiento es el primer compromiso de toda Eucaristía. Toda Eucaristía es para amar más a los demás, sino no es Eucaristía. Ese amor tiene que traducirse en actos concretos de amor a la esposa, al esposo, a los hijos, a los padres, a los hermanos, a los abuelos, a los nietos, a los vecinos, a los compañeros de vida y trabajo, a los amigos y amigas, y sobre todo a los empobrecidos, maltratados y abatidos de este mundo. Ese amor tiene que traducirse en un compromiso inquebrantable con la justicia: es la dimensión política del mandamiento del amor fraterno.

Hoy hay muchas personas verdaderamente buenas en el mundo hasta el punto de exponer su vida por los demás, que viven austeramente para poder compartir algo con los más pobres (dinero, tiempo, trabajo), que les duele en carne propia el sufrimiento ajeno y luchan por curarlo. Estas están celebrando la Eucaristía cada día en el altar de la vida y desde ahí son dignas del altar del cuerpo y la sangre de Jesús. Solo las dos unidas es cuando son verdaderas y completas.

2.-VIERNES SANTO:
La Religión, confabulada con los políticos, condenó y mató a Jesús, que fue perseguido, torturado y asesinado. Se le aplicó una tortura terrible: la flagelación (algunos reos ya morían en ella); luego se le aplicó la muerte más cruel, importada de los persas por los romanos: ser crucificado. Fueron los sumos sacerdotes del templo de Jerusalén, es decir, la religión oficial, los que instigaron a la gente a pedir la muerte de Jesús, y forzaron al procurador romano Pilatos para que lo condenara a morir crucificado: la ambición de conservar el poder le traicionó, a pesar de que se daba cuenta de que Jesús era inocente.

La muerte de Jesús no fue un acto de expiación a Dios por los pecados de los hombres, ni un acto de devoción, ni de ofrenda sacrificial. El Dios verdadero, Padre-Madre Bueno/a, no puede necesitar ni exigir esas cosas, que son barbaridades.

La muerte de Jesús fue un crimen, un asesinato; fue la ejecución de un condenado injustamente por los opresores por haberse puesto de parte de los oprimidos, oprimidos también por la religión oficial.

Hoy tenemos Viernes santo en las cárceles, en las champas y los basureros del Tercer Mundo, en los parados sin prestaciones, en las mujeres maltratadas, en los desahuciados, en los niños muriendo de hambre cada día, en los torturados, en los enfermos desatendidos, en los matrimonios rotos, en los hijos víctimas de la separación de sus padres, en las niñas mutiladas genitalmente en Egipto, en las torturas de Siria, en los vagabundos, en los bosques quemados, en los ríos y mares contaminados, en los animales injustamete torturados, en los gastos militares, en los inmigrantes buscados por la policía para echarlos.

Jesús sigue hoy crucificado en los crucificados del mundo, perseguidos, maltratados, abatidos, angustiados, asesinados por los cuchillos y las balas criminales, torturados, expulsados de sus tierras en Guatemala, Colombia o Africa por las multinacionales apoyadas por el ejército, la policía o los sicarios. ¿Cuándo llegará la hora en que bajemos a Jesús de tantas y tantas cruces, que hace siglos que deberían haber desaparecido? ¿Dónde están todavía hoy las fábricas y los fabricantes de tantas cruces, tan pesadas, tan dolorosas, tan indignas del Ser Humano y de la Madre Tierra?

3.-RESURRECCION DE JESÚS:
Jesús resucitado ya no pertenece a la historia humana con sus limitaciones, sufrimientos, impotencias, frustraciones… La resurrección trasciende esta vida, inicia otra existencia que es de plenitud, que colma todos los anhelos que nos podamos imaginar y mucho más.

La resurrección se sitúa más allá de la historia, no pertenece a este mundo. Es metahistórica. A Jesús nadie de este mundo pudo verle resucitar, porque la resurrección pertenece a otra dimensión más allá de esta vida. Esto no es comprobable por los sentidos ni por la razón, sino solo aceptable por la fe en Jesús mismo. Lo más que alcanzamos a comprender es que responde a nuestros anhelos más profundos de vivir para siempre y en plenitud, y no de morir para quedar muertos. Jesús se esforzó una y otra vez en convencer a los discípulos de que estaba vivo de nuevo, de que no había muerto para quedar muerto.
Los evangelistas cuentan de muchas maneras la experiencia de haber tratado con Jesús resucitado, pero todos coinciden en afirmar lo mismo: Jesús ha resucitado.

Fueron muy honestos en sus narraciones, pues a pesar del absoluto machismo imperante, recogen las apariciones a María Magdalena y a otras mujeres como las primeras que hizo Jesús, e incluso recogen cómo les manda a ellas ir a anunciar a los discípulos que ha resucitado. A partir del hecho de la resurrección de Jesús, todos los apóstoles y discípulos/as empiezan a llamarle Señor. Y estaban tan convencidos de ello que dieron su vida por esta causa. La resurrección de Jesús fue lo primero que empezaron a enseñar y a atestiguar, porque se dieron cuenta de que era el hecho cumbre y más importante de su vida, para El y para nosotros.

Si no fuera así, ¿quién compensaría a tantos seres humanos y tantos seres vivos, que son víctimas de una muerte injusta por el hambre, la sed, las guerras, la violencia, las torturas, la injusticia, como le pasó al propio Jesús? Nosotros ya nada podemos hacer para repararles un daño tan grande. Por eso, morir para quedar muertos es inadmisible e insoportable. La aspiración de todo ser vivo es vivir para siempre y feliz: la respuesta a esta aspiración es Jesús resucitado, y no solo para los seres humanos, sino también para toda la creación. Sin duda tiene que haber y va a haber plenitud para todos y para todo.

A la luz de la resurrección, todo lo que mata, destruye, hace sufrir, daña, perjudica, es indigno; y ya solo es digno aquello que potencia y facilita la vida, la felicidad, la alegría, la igualdad, la esperanza, la fraternidad, el amor, para todos y para todo. Esto anticipa un poco la resurrección, y nos hace dignos de poseerla un día en su plenitud.

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