SOLO JESUS SALVA! Catequesis sobre el sacerdocio en la Iglesia de Cristo I
a) Descripción del sacerdocio
Dos palabras: leví y kohen, equivalen a nuestra palabra sacerdote. La palabra Leví viene, según Gn 29,34 de (läwäh), que significa acompañar o aficionarse La misma raíz significa también prestar o dar en prenda.
En Gn 49,57, Jacob condenó a Leví y a Simeón a no tener territorio por la mortandad que habían perpetrado entre los siquemitas, cf. Gn 34. Esa “bendición” de Jacob trata de explicar una situación de hecho posterior. Aunque la verdadera causa de que Leví no poseyera territorio alguno no está clara, es seguro, sin embargo, que hubo una tribu de Leví, que por alguna razón no tuvo territorio y que se especializó en las funciones sacerdotales. , puesto que Jacob, según Lía, se aficionaría a ella a partir del nacimiento de Leví, el texto dice: “Concibió de nuevo y dio a luz a un varón y dijo: ‘ahora sí se aficionará – (yillâweh) – a mí mi esposo pues ya le di tres hijos’, por eso lo llamó Leví –ywIle (lëwî)”.
La palabra Leví pudo proceder de Arabia del norte pero no es seguro que esa palabra hubiera sido tomada por los israelitas en relación con el levitismo y es posible incluso, que hubiera sido influenciada, más bien, por el hebreo.
La palabra usada en el Antiguo Testamento para referirse al sacerdote es kohen En el Génesis se usa en 14,18, hablando de Melkisedeq; en 41,45.50; 46,20, hablando de un sacerdote de On; y en 47,22.26, refiriéndose a sacerdotes egipcios. Como se puede percibir, se usa solo para los extranjeros pues no se dice que Abraham, Isaac o Jacob fueran sacerdotes, aunque, como veremos un poco más adelante, ellos desempeñaron funciones sacerdotales. En hebreo (Kwn) significa poner, fijar, erigir, establecer, fortificar, etc.4
Desde antes de la monarquía, se aplicó la palabra sacerdote hohen también a israelitas, pues ya había sacerdotes y levitas (I Sam 2,18.28). Pero siguió usándose para referirse a los sacerdotes de otros dioses. En I Sam 5,5; 6,2 se usa hablando de sacerdotes de Dagón; en Ex 2,16; 3,1; 18,1 se usa refiriéndose a sacerdotes de Madián: Reuel y Jetró.
Ese término se usó durante la monarquía y el tiempo comprendido entre el exilio y el nacimiento de Jesucristo. En II Re 10,19 y II Re 11,18 se usa para hablar de los sacerdotes de Baal; en Jer 48,7, para hablar de sacerdotes de Ammón y en Jer 49,3, para designar a los sacerdotes de Ammón. El texto más antiguo sobre la entrada en funciones del sacerdote es Jue 17, en el que se ve que el jefe de familia o de clan podía ejercer funciones sacerdotales o investir a quien quisiera para hacerlo. Miká había investido a uno de sus hijos, según Jue 17,5, pero al darse la oportunidad acogió a un levita, según Jue 17,10; 18,4, que era hijo de Guershom, hijo de Moisés.
Por Jue 17,13, queda claro que el sacerdocio levita era preferido al sacerdocio no levita. La antigüedad de este relato (Tal vez la narración de Jue 17 mezcle dos relatos anteriores: uno estaría en Jue 17,2a.4b.2b.4a.3 y trataría de un ídolo de plata; el otro hablaría del efod y de los ídolos. En 17,7-12 también es posible ver dos relatos, uno en los vv.7.11b-12a, en el que un levita es aceptado en la familia de Miká y es consagrado sacerdote y el otro en los vv.8-11a, en el que un levita vagabundo es invitado a fungir como sacerdote para Miká) se puede ver en que el padre de familia podía ejercer funciones sacerdotales, delegarlas y luego investir a un levita y en que ni el haber elaborado una imagen de Yahvé ni el uso de los terafim son reprobados por el narrador.
El nombre (Kömer), que quiere decir también sacerdote, aparece solo tres veces en la Biblia y siempre en plural: II Re 23,5, sacerdotes de Baal; Os 10,5, de Bet Aven, y Sof 1,4, de Baal. Nunca es aplicado a los sacerdotes del Señor.
Los levitas tenían los mismos derechos y obligaciones que los sacerdotes: Dt 18,6-7(En Dt 31,9 solo dice sacerdotes, pero por Dt 31,25 se entiende que se refiere a sacerdotes y levitas) Después del exilio se dieron varias explicaciones de la función y del establecimiento del sacerdocio. El cronista y el sacerdotal dicen que los levitas y los sacerdotes fueron separados: (Bdl): Nu 8,14; I Cro 23,13. El Levítico 10,10 dice que los sacerdotes debían poder distinguir entre lo profano y lo sagrado. Respecto de los levitas se dice también que fueron dados –donados–: Nu 8,16.
La explicación de la existencia de los levitas que dan Nu 1,50 y 3,6-7, es que Dios los había escogido, en lugar de los primogénitos que debían haber perecido cuando la salida de Egipto (cf.Nu 3,12; 8,16) y los había puesto al servicio de Aarón. En Dt 33,8-11 se atribuyen las funciones sacerdotales a los levitas, en general. Por Nu 26,58 sabemos que los levitas formaban cinco clanes: libnita, de Libna; hebionita, de Hebrón; mahlita –omitido por los LXX–; musita, de Moisés; y corrita, de Qorah, cerca de Hebrón. Libna, Hebrón y Qorah se encontraban en Judá, por lo que se puede concluir que los levitas se extendieron a partir de esa tribu (Un. 3,6) (En el siglo II a.C. Ben Sirá recuerda la promesa del sacerdocio eterno para Aarón: Eclo 45,7.15.24-25) Según Dt 10,6-9 Dios habría escogido a los levitas después de la muerte de Aarón.
En la práctica, después del exilio, los sacerdotes eran más favorecidos que los levitas. En Nu 18,8.32 se da más ventajas que antes a los sacerdotes. Ellos podían quedarse con más carne de los sacrificios en Lv 6-7 que en Dt 18,3, además de que les correspondían las primicias de las cosechas. A los levitas les correspondía el diezmo del trigo y del vino, pero debían dar el diezmo de ese diezmo a los sacerdotes. A los levitas correspondía además el diezmo del ganado (Lv 27,30-33; II Cro 31,6).
Nehemías, en la segunda mitad del siglo v, encareció a los judíos el cuidado de los levitas pues ellos no percibían dinero (Neh 13,10-14); además de que muchos no cumplían con el diezmo (Mal 3,7.10; Neh 12,44-47). Finalmente, según parece atestiguar el libro: Tobias 1,6-8 se juntaron los diezmos en uno solo.
b) Las funciones sacerdotales .
Aunque el sacerdocio atestiguado en el Génesis es bastante antiguo y no estaba bien delimitado ni en sus funciones ni en cuanto a quién pertenecían esas funciones, hay una buena variedad de servicios sacerdotales. El sacrificio era el acto central del culto. Noé ofreció holocaustos Gn 8,20. En Gn 22,2 se dice que Abraham subió a un monte con su hijo “para ofrecerlo ahí como holocausto”. En 22,13 dice que encontró un carnero atorado por los cuernos “y lo ofreció como holocausto” (Aunque se trata de un relato didáctico y de un personaje que no era judío, el libro de Job muestra también una de las costumbres patriarcales: elevar sacrificios para expiación de los pecados de otras personas –en este caso, de los hijos de Job– (Job 1,5). La función de santificar, que llegó a ser la actividad por excelencia de los sacerdotes, aparece también en este texto, usando el verbo santificar)
Otra actividad sacerdotal era el don de ofrendas. Caín y Abel la realizaron Gn 4,2-4, que aunque no es un relato patriarcal, parece recordar aquellos tiempos. El sacerdote tenía también la función de invocar el Nombre, como hizo Abraham en Betel, en un altar que había construido (Gn 12,7-8, cf.13,4); también se dice que plantó un tamarisco e invocó el Nombre en Beersheba (Gn 21,33). Isaac también desempeñó estas funciones sacerdotales: levantó un altar en Beersheba e invocó el nombre (Gn 26,25). Establecer una alianza se puede considerar también un trabajo sacerdotal. Abraham, en realidad, no estableció la alianza con Dios, sino Dios con Abraham. La acción correspondiente a Abraham consistió en partir los animales. Un trabajo sacerdotal muy especial fue la intercesión que realizó Abraham para que Dios no destruyera Sodoma y Gomorra (Gn 18,23-32), logrando que Yahvé no las destruyera en ese instante, aunque lo hiciera después.
Otra función sacerdotal era la mediación profética a partir de una consulta en un santuario. En Gn 25,22-23 se dice que Rebeca fue a consultar al Señor y que el Señor le respondió. Este relato supone que había lugares establecidos en los que alguien, seguramente un sacerdote, respondía a preguntas de parte de una persona. Dado que en aquella época no existía un ministerio sacerdotal en el clan de Abraham, se trata, seguramente, de un anacronismo. Levantar altares era también una actividad común entre los patriarcas y se puede calificar como sacerdotal. Se mencionaron ya los casos de Abraham en Gn 21,33 e Isaac en 26,25. Jacob levantó un altar en Siquem (Gn 33,20) y luego en Betel (Gn 28,18-19, cf.31,13; 35,1.3.7), en donde también levantó una estela (Gn 35,14).
Del éxodo a la monarquía.
Como dije antes, ni en la época patriarcal ni en este período de asentamiento anterior a la monarquía, las funciones sacerdotales eran exclusivas de los levitas: Gedeón que era de la tribu de Manasés (Jue 6,15) hizo una ofrenda y luego levantó un altar para el Señor, según Jue 6,18-24. Manoaj, el padre de Sansón, de la tribu de Dan, hizo también ofrenda y holocausto, Jue 13,19.23, funciones que hemos visto desarrollar a los patriarcas. “La vida religiosa del pueblo, como la civil y militar, estaban de hecho ligadas al juez. Las acciones cotidianas constituían en realidad la vida religiosa de la nación, en tanto que las acciones propiamente religiosas (sacrificio, oración) tenían un cierto carácter privado”. La relación con Dios estaba mediada por los jueces en cuanto ellos eran los que hacían su voluntad con respecto a la vida del pueblo. Los sacerdotes fueron asumiendo la mediación de la oración, la alabanza y la expiación. En la oración personal se podía entrar en relación con Dios descubriendo su voluntad, como en el caso de Samuel.
Entre las funciones sacerdotales patriarcales estaba el sacrificio y siguió estándolo en la época premonárquica. Un texto fundamental para comprender el sentido del sacrificio es Ex 20,22-26. En él se dice que cuando el hombre ofrece holocaustos, Dios se hace presente para bendecir, cf. I Sam 7,7-14. Según Ex 24,5, Moisés encargó a varios israelitas que ofrecieran holocaustos e inmolaran novillos. Josué construyó un altar, como se relata en Jos 8,30. Gedeón construyó un altar y sacrificó en él: Jue 6,25-26. Elcaná, que era de la tribu de Efraim, según I Sam 1,1, elevaba sacrificios a Dios, como dicen I Sam 1,3.4.21; 2,19; pero una parte de lo sacrificado correspondía al sacerdote: I Sam 2,12-17.
Tampoco el uso del efod estaba restringido al sacerdote. Los textos se refieren a dos tipos de efod, uno era una vestidura de lino que se ceñía a la cintura (en consonancia con él, en Rash Shambra el epattu era un vestido de la diosa Anat; y en Capadocia era un vestido rico). I Sam 2,18; 22,18; II Sam 6,14 –David. Pero en algunos textos parece que el efod es algo diferente, un objeto de culto difícil de describir. En Jue 17,5; 18,14.17.20 se dice que Miká hizo un efod, que luego fue transportado por los danitas. En Jue 8,27 parece un objeto de metal, o con partes de metal, esta vez hecho por Gedeón. Según I Sam 2,28 el efod era un objeto que llevaba el sacerdote.
Yahvé, por su parte, seguía entrando en diálogo con personas de deferentes tribus (Moisés: Ex 3,1-4,17; 5,22-6,1; Josué: Jos 7,6-10; con Gedeón: Jue 6,11-18; con David: II Sam 21,1, etc). y manifestando su voluntad sin dar la exclusiva de su comunicación a los levitas. Sin duda alguna, quien más disfrutó de la comunicación de Dios y entró en diálogo con él en esta época, después de Moisés, fue Samuel, que era efraimita, no levita. Samuel entró en diálogo con Dios en diversas ocasiones, desde su vocación, narrada en I Sam 3; durante la mediación entre Dios y el pueblo cuando Israel se volvió una monarquía, que se encuentra en I Sam 8-10; cuando Yahvé rechazó a Saúl –I Sam 13,7b-15; 15,10-31–; y cuando Yahvé eligió a David –I Sam 16,1-13. Samuel también intercedió por el pueblo, según I Sam 7,5.
Se puede decir que Samuel fue un mediador entre Dios e Israel. El pueblo, incluyendo a Saúl y David, conocía la voluntad de Dios por su medio (Is 1,11-13a; 40,16; 43,23-24; 66,3; Jer 6,20; 7,21-22; 14,12; Ez 20,25-26) Para Israel, la comunicación con Dios se daba en cualquier ámbito de la vida, no solo en lo cultual. De esa manera, se pueden considerar mediadoras todas las personas que revelan a la comunidad lo que Dios quiere: jueces, profetas y reyes, junto con los sacerdotes. Incluso, tal vez ese aspecto de comunicación con Dios se haya limitado más en el sacerdocio, puesto que sus funciones estaban restringidas al culto.
Los ritos penitenciales eran presididos por autoridades reconocidas, por ejemplo Josué, como se ve en Jos 7,6-9, y Samuel, según I Sam 7,5-9. En ellos se convocaba a participar a todo el pueblo. Dichos ritos tenían la finalidad de obtener de Dios el fin de alguna calamidad. En las ceremonias penitenciales de Jue 20, apenas se menciona la participación de un sacerdote, mientras que en Jue 21,4-5 este no aparece. Incluso en estos casos lo más importante es que participaba todo el pueblo para pedir a Dios que retirara el castigo.
Durante la monarquía… Como en las épocas anteriores, las actividades sacerdotales no eran exclusivas de los levitas y de los sacerdotes, pero los laicos las ejercían en contadas ocasiones. Jeroboam puso sacerdotes no levitas en Betel. Para el redactor la decisión de Jeroboam era reprobable, mientras que para él era lícita, como se ve en I Re 12,31; 13,33; II Cro 13,9. En el reino de Judá no sucedieron cosas tan diferentes. En Quiriat Yearim se había investido a Eleazar, que tampoco era levita, para el cuidado del arca, según I Sam 7,1. David, a pesar de que no era levita, ofreció sacrificios de comunión: μymil;v] (šelâmîm) y holocaustos según II Sam 6,17. También sus hijos oficiaban en el culto, como atestigua II Sam 8,18. Pero no fueron ellos los únicos no levitas que ejercieron funciones sacerdotales, vale la pena ver II Sam 20,26.
En contraste con los sacrificios de David y Salomón, Samuel se enfadó con Saúl porque este ofreció sacrificios de comunión y un holocausto, cf., por ejemplo, I Sam 13,9-13; y posteriormente, porque no consagró al anatema a algunos animales que habían obtenido como botín de los amalecitas, para ofrecerlos en holocausto –I Sam 15. Debido a que no entregó a todos los animales al anatema, Yahvé decidió suplirlo por otro rey. El rey Acaz también asumió funciones sacerdotales como se puede ver en II Re 16,12-16.
No se sabe con certeza en qué época los levitas tomaron en exclusiva las tareas sacrificiales. El problema depende en gran parte de la datación que se dé a Dt 33,8-11 – las bendiciones de Jacob. Mientras que para algunos es un texto del siglo ix, para otros es de la última parte del siglo VI (Una comparación de Dt 33 con Gn 49, que tomó su forma actual verosímilmente en el siglo X, muestra que Dt 33 es posterior, pues en Gn 49 la tribu de Leví no tiene el encargo de las funciones sacerdotales-sacrificales). Durante toda la monarquía, los levitas tuvieron las mismas funciones sacerdotales que los sacerdotes, como se advierte en Dt 18,6-7, pero en Jerusalén había cierta diferencia. Algunos textos revelan que no todos los levitas podían ejercer ahí su ministerio: Dt 12,12.18.19; 14,27.29; 16,11.14; 26,11.12.13. Es posible que esa situación se diera a partir de la reforma de Josías, hacia el 622, o que incluso fuera anterior, pero no por alguna prescripción legal, sino de hecho. Después de Josías, los sacerdotes de los altos ya no podrían subir al altar a sacrificar, cf. II Re 23,9, aunque podían comer los ázimos.
Los sacerdotes eran funcionarios del rey, quien los elegía y destituía: I Re 4,2 (Ej: Salomón expulsó a Abiatar: I Re 2,27-35. En II Re 12,5-17 se lee que Joás tomó algunas disposiciones para los sacerdotes, que incluso perduraron a Yehoyadá: II Re 22,3-7. Los sacerdotes debían destinar una partida de dinero para reparar el templo pero como no lo hacían, les prohibió tocar el dinero que debía destinarse para eso. Acaz ordenó a Urías construir un altar semejante al que había visto en Damasco: II Re 16,10-16 y el rey subió a sacrificar en él).
Por otro lado, los sacerdotes tenían también una fuerza considerable, II Re 11 muestra que la revolución que derribó a Atalía fue dirigida por Yehoyadá. La derrota de Joás fue interpretada por II Cro 24,17-27 como un castigo de Dios por haber matado al sacerdote Zacarías: II Re 12,18-22. Al parecer, también la revuelta contra Amasías fue tramada por sacerdotes: II Re 14,19; II Cro 25,27, puesto que Joás y Amasías habían saqueado el templo: II Re 12,19; 14,14.
Se puede considerar al sacerdote como un hombre del santuario. La posibilidad de entrar al santuario llegaba al sacerdote por la voluntad de Dios, manifestada en la elección de su tribu. Su acceso al santuario no dependía de la voluntad o capacidad humana para descubrir el mandato o invitación de Dios. Su elección era un privilegio, pero no era algo de lo que pudieran ufanarse como si hubiera méritos propios. Su consagración los hacía aptos para mediar entre Dios y los hombres porque solo ellos podían ejercer ciertos servicios sacerdotales.
El ofrecimiento de los sacrificios se convirtió en el centro de las funciones de los levitas, pero Ex 24,3-8 –de tradición elohísta– muestra que los sacrificios no eran exclusivos de ellos. El Deuteronomio establece las mismas funciones para levitas que para sacerdotes: 10,8; 17,9-18; 18,1; 21,5; 24,8; 31,9; pero I Sam 2,27-36, que es de la época de la reforma de Josías, da exclusividad del sacrificio a los sacerdotes ya que para ello habían sido elegidos. Otra función sacerdotal era la enseñanza de la ley, según Dt 33,9b-10; Miq 3,11; Jer 18,18; Ez 7,26, pues ella había sido entregada a los sacerdotes: Dt 31,9.26 (La Thorá se enseñaba en los templos, cf. Is 2,3; Dt 31,10-11)
Pero la enseñanza de los sacerdotes no se limitaba a la ley: Os 4,6; Jer 2,8. Los sacerdotes tenían también en sus manos la decisión final en actos de violencia: Dt 21,6); bendecían al pueblo: Dt 21,6; ofrecían primicias: Dt 26,1-11; Dt 33,10; incensaban las ofrendas: I Sam 2,28; y eran también quienes decían oráculos de parte de Dios.
Si el efod era un objeto, el sacerdote lo tenía: en I Sam 14,3 lo llevaba el sacerdote Ajías; en 23,6 era llevado en la mano; en 23,9 es un objeto para consultar al Señor; en 21,10; 23,6.9 es un objeto adivinatorio bastante grande. En relación con el efod-prenda, están los urim y los tumim que según Dt 33,8 correspondían a los levitas (Eran piezas adivinatorias: I Sam 30,7. En Ez 21,27 se habla de los terafim y en el v.26, seguramente, se refiere a los urim y los tumim. En Os 3,4 se habla solo de los terafim. En Prov 16,33 el efod es la bolsa que contiene los urim y los tumim. Urim y tumim funcionaban de forma que se les planteaba una pregunta y se echaban, según su colocación la respuesta era sí o no: I Sam 14,41-42; 23,9-12; sin embargo, a veces no respondían: I Sam 14,37; 28,6. Es importante destacar que los urim y los tumim servían para poner al pueblo en contacto con la voluntad de Dios, lo que es una función sacerdotal).
Dios se comunicaba con su pueblo manifestando su voluntad por medio de personas que él elegía y que no eran necesariamente levitas. Como antes dije, una función sacerdotal de mediación es la profecía, pues revela al pueblo o a sus dirigentes cuál es al voluntad de Dios. Ahora bien, los profetas no eran necesariamente levitas (Como Jeremias y Ezequiel). A veces incluso los sacerdotes acudían a los profetas para consultar la voluntad de Dios: II Re 23,12-20. Los profetas del norte eran más críticos de los sacerdotes y del sacerdocio mismo que los del sur. Oseas, que no era levita, es, tal vez, el profeta que más sistemáticamente criticó a los sacerdotes.
La invectiva de Os 5,1-7 parece dirigida contra ellos por haber separado a Israel de su Dios. Os 4,4-15 los culpa de desconocimiento del Señor que reina en Israel, de ofrecer sacrificios ilegítimos para ganar dinero e incluso de realizar el culto de la prostitución sagrada. De algunos reyes se dice también que entraron en diálogo con Dios, entre ellos David y Salomón: I Re 3,4-15; 9,1-9.
Finalmente, como ya dije, surgieron los sabios, quienes enseñaban lo que Dios quería de los seres humanos a través de la observación de lo cotidiano. Su enseñanza era bastante ingenua en cuanto pensaban que los sufrimientos se derivaban siempre de un mal comportamiento, en tanto que el éxito y el bienestar eran efecto de las buenas obras. Este libro, y en general los libros sapienciales, tienen la ventaja de reflejar lo que sucedía con la relación con Dios a nivel personal, independientemente de las mediaciones comunitarias que se reflejan en otras instituciones: jueces, reyes, profetas y sacerdotes.
Después del destierro, Ciro, en el siglo vi, suministraba lo necesario para los sacerdotes: Esd 6,4. Pero el templo estaba en malas condiciones: Esd 7,15-18, por lo que Neh 10,33-35 fijó cuotas para su sostenimiento. La tradición sacerdotal dice algo al respecto: Ex 30,11-16 cf. Mt 17,24. Los reyes seléucidas destinaban una buena partida para el templo en los siglos iii-ii: I Mac 1,21-24; II Mac 3,3. El templo llegó a tener una buena fortuna puesto que Craso y Tito codiciaron sus tesoros.
Después de la rebelión de los macabeos durante el siglo II, cuando los judíos obtuvieron la independencia política y religiosa, surgió una familia sacerdotal, la asmonea. De Jonatán a Antígono, los asmoneos fueron jefes de nación; pero a partir de Aristóbulo I, quien reinó del 104 al 103, tomaron el título de rey (Los ritos de investidura son posexílicos y relacionan al sumo sacerdote con el rey: el turbante: es real: Is 62,3; Eclo –heb– 11,5; 40,4; 46,16; la corona o diadema es también real: Ez 21,31; Eclo 40,4; otra insignia, tal vez una flor:es real: II Sam 1,10; II Re 11,12; Sal 89,40. En Zac 6,9-14 la corona es para Zorobabel, pero luego pusieron ahí el nombre de Josué, sumo sacerdote). Ellos estuvieron en el poder civil hasta que Herodes el Grande reinó en Israel a partir del 37 d.C. Con todo, en la época de Jesús, todavía conservaban muchas prebendas.
El sacerdote conservaba las funciones de enseñar la Torá, Ez 7,26 y el conocimiento, era, en resumen, un ángel o mensajero del Señor: Mal 2,7. Eran, en especial los levitas, maestros de moral y religión. Los sacerdotes debían señalar lo que era puro y lo que era impuro: Lev 10,10-11; Ez 22,26; 44,23; Ag 2,11-13 y debían señalar los días de ayuno: Zac 7,3. La enseñanza de la ley pasó paulatinamente a manos no levitas. “De hecho” afirma Vanhoye, “en los tiempos posteriores al destierro, la enseñanza de la ley había dejado de ser monopolio de los sacerdotes y la clase de los escribas y doctores de la ley, abierta a los laicos, empezaba a suplantarles en este terreno”.
EL SACERDOTE DEBÍA OFRECER EL SACRIFICIO EXPIATORIO Hb 5,1; 8,3 (En el sacrificio expiatorio por el pecado –existía otro tipo de sacrificio expiatorio, el de reparación– los sacerdotes podían comer la carne si se trataba de la expiación individual o por la comunidad. En este caso, la sangre se derramaba en los cuernos y al pie del altar. Si la expiación se realizaba por el sumo sacerdote o por el pueblo, el sacerdote rociaba un poco de la sangre ante el velo del santuario, otra parte la ponía en los cuernos del altar y el resto al pie del altar de los holocaustos, frente a la tienda del encuentro: Lv 4-6. El sacrificio de expiación por el sumo sacerdote o por el pueblo, según Lv 6,17-23, exigía que se quemara toda la carne. Si la expiación era por otro particular, la sangre no entraba en el santuario, sino que con ella se frotaban los cuernos del altar de los holocaustos y luego se derramaba el resto al pie del altar. Solo el sacerdote subía al altar y tomaba una porción para sí: Lev 21,6. El oferente –cuando se trataba de un sacrificio privado– sacrificaba, pero el sacerdote ofrecía la sangre: Lev 1,5; 3,2.8.13; 4,24.29.33. Cuando se trataba de un sacrificio público, los levitas hacían el sacrificio: II Cro 30,17; Ez 44,11 y el sacerdote manipulaba la sangre: Lev 17,11.14 y subía al altar. Así pues, cuando el sacrificio se llevaba a cabo en el altar, era realizado por el sacerdote: Lev 1,14-15; 5,8).
Hacer la oblación, el holocausto: Lv 1; 6,2-6 y el sacrificio de comunión Lev 3; 7,11-21; 9,22. (El sacrificio de comunión podía ser ofrecido por cualquier israelita, pero implicaba la comunión de Dios con todo el pueblo. Los sacrificios de comunión eran: de consagración de un sacerdote: Ex 29,19-29; Lv 8,22-24; de conclusión de un voto de un nazir: Nu 6,19-20; de alabanza: Lv 7,11-15; de conclusión de un voto y sacrificio de comunión espontáneo: Lv 7,16-18. En estos sacrificios el sacerdote entregaba una parte a Dios y el resto era consumido por él). Sacrificios que llegaron a ser exclusivos de ellos. En Ex 29,38-46 se expresa la finalidad del sacerdocio y del sacrificio para la tradición sacerdotal: que Dios se encuentre y more entre los israelitas (“La preeminencia de las leyes sacrificiales proviene así, de que los sacrificios tienen como función fundamental responder a la presencia de Dios entre su pueblo y perpetuar esta presencia. En resumen, todas las prescripciones contenidas en el libro del Levítico responden a este único objetivo” ). La oblación era siempre vegetal: Lv 2; 6,7-16, y tenía la finalidad de lograr una estrechísima comunión entre Dios y los sacerdotes, pues ambos compartían la mesa. “No carece de interés observar que esta comunión se hace posible únicamente gracias al laico israelita, ya que allí donde la ofrenda vegetal es aportada por un sacerdote, esta es íntegramente consumida en el altar.
Aunque “la finalidad de toda acción sacerdotal se formula (en Lv 4-6), en perdón” el objetivo primario del sacrificio no es, en esta época, la absolución, sino la comunicación con Dios, cf. II Cro 29,5-9. El centro de la teología sacerdotal de la expiación es el gran día de la expiación descrito en Lv 16: un carnero era sacrificado y su sangre penetraba lo más sagrado del templo. El sacrificio del día de la expiación “es la única forma en que la vida puede dirigirse, a pesar de la variedad de pecados, sin enfrentarse con el justo enfado de Dios. Es la única forma en que puede haber una coexistencia permanente entre Dios y pueblo. Según Nu 15,22-29, solo podían expiarse las faltas inadvertidas, mientras que por los pecados voluntarios no había remisión posible.
Solo los sacerdotes tenían acceso al templo, pero incluso una parte de él les estaba vedado. A ella solo podía entrar el sumo sacerdote y nada más el día de la expiación. Exclusivamente en ese día se introducía la sangre de la víctima en el santo de los santos para rociar el propiciatorio. Como el sacerdocio se centró cada vez más en el sacrificio y el altar, la destrucción del templo el año 70 d.C. marcó su decadencia y la preponderancia de los rabinos. Pero su efecto principal estuvo en la absolutización del sacerdocio como mediación para la relación con Dios. Esto solo se puede explicar por la desaparición del rey y la extinción de los profetas. Por otro lado, los sapienciales no judaizantes – Proverbios, Job y Qohélet-Eclesiastés–, y en parte también los judaizantes –Sirácide- Eclesiástico y Sabiduría–, enseñan al individuo a relacionarse con Dios. Junto con ellos, los salmos se constituyen como la gran escuela de oración pública y privada y de entrenamiento en la búsqueda de los deseos de Dios y de una relación íntima con él.
Lo esencial del sacerdocio levítico era la mediación sacrificial. El sacerdote era un mediador: cf. Heb 5,1. “El sacerdote es un mediador, como lo son también el rey y el profeta. Pero estos últimos lo son por un carisma personal, como elegidos de Dios; EL SACERDOTE LO ES POR ESTADO; el sacerdocio es una institución de mediación”, entendida como institución posibilitadora de comunión entre Dios y los hombres. La función de mediación fue centrándose paulatinamente en los sacrificios, y dentro de ellos, en el del día de la expiación. Esta reducción de la mediación se corresponde con la desaparición de la profecía y de la realeza. También las liturgias penitenciales (que antes del destierro podían ser presididas por no levitas), se concentraron en sus manos, cf. Esd 9,3-10,1; III Mac 2,1-20; 6,1-20.
LA ESPERANZA SACERDOTAL JUDÍA EN LOS TIEMPOS DE JESÚS
Los judíos de tiempos de Jesús esperaban a un sacerdote según las promesas divinas hechas a Aarón: Si 45,7.15.24-25. Esta esperanza es evidente en los escritos de Qumrán. En la Regla de la comunidad se evoca la venida de un profeta y de dos ungidos, el de Aarón y el de Israel. Para el Antiguo Testamento no había llegado el profeta como Moisés, prometido en Dt 18,18 (cf. Jn 1,21), así como tampoco el mesías-rey y el mesías-sacerdote. En I QSa II,11-12 se dice que la presidencia de toda la casa de Israel estaría en manos el sacerdote y que él, antes que nadie, bendeciría las primicias del pan y del vino. El Documento de Damasco evoca solo a un mesías, pero que sería de Aarón y de Israel. “Parece ser que en una época determinada o en algunas comunidades, las esperanzas mesiánicas se centraron en un solo personaje, que tenía que recibir a la vez la unción sacerdotal y la consagración real”.
El Testamento de los doce patriarcas también habla de un mesías sumo sacerdote; a la vez que de un sumo sacerdote y un rey, provenientes uno de la tribu de Judá y el otro de la de Leví. En el Testamento de Leví dice: “el sacerdocio desaparecerá, y entonces el Señor suscitará un nuevo sacerdote, a quien se le revelarán todas las palabras de Dios y que ejecutará un juicio de verdad sobre la tierra durante una multitud de días. Y su astro se elevará en el cielo, como un rey”.
En el Testamento de Judá, este aclara que la preeminencia la tiene Leví sobre el mismo Judá, por eso es de suma trascendencia que el único mediador y sacerdote del cristianismo sea un descendiente de Judá. Este hecho apuntala la crítica neotestamentaria de la mediación sacerdotal levítica.
P. Tony. https://www.facebook.com/pages/Pan-de-la-Palabra/282068731846489